Reporte de inteligencia

Los lamentables excesos de las autodefensas

Uno de los principales líderes de las autodefensas de Colombia, Carlos Castaño Gil, terminó vinculado al narcotráfico y a los asesinatos. Él era el líder de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), llegó a controlar a varios grupos de paramilitares, mostró su interés por desmovilizarse con el gobierno de Álvaro Uribe, pero fue asesinado en 2006.

Su historia es una muestra de lo que puede ocurrir con las autodefensas de Michoacán.

Ya tenemos el primer aviso.

El líder de las autodefensas de La Ruana, Hipólito Mora, fue detenido por el Gobierno Federal, bajo la acusación de estar involucrado en dos asesinatos. Era de esperarse.

Las autodefensas de Michoacán fueron bien recibidas por la sociedad, pero detrás de esos grupos caben toda clase de personajes. Son organizaciones perfectas, con legitimidad social, para incorporar a todo tipo de personajes y de intereses. Por el mismo carácter civil de las organizaciones –que no aceptan observación de ninguna institución, ni están sujetas a alguna regla- cualquier cosa puede ocurrir con ellas.

En Colombia, por ejemplo, el día que Carlos Castaño aceptó dejar las armas e incorporarse a la vida normal, pidió perdón por los “excesos lamentables”. Es decir: asesinatos, torturas, tráfico de drogas, debido a que los paramilitares de pronto se convirtieron en las autoridades locales.

Eso está pasando ahora en Michoacán.

Basta decir que el narcotraficante, Juan José Farías, El Abuelo, se presentó como integrante de las autodefensas a una reunión con el comisionado Alfredo Castillo.

Y es sólo el principio. El tema de los paramilitares de Michoacán tiene que manejarse con extremo cuidado. Hay que diferenciar entre los que tienen intereses legítimos y los que están tratando de aprovechar a los grupos para seguir cometiendo fechorías en el nombre de la sociedad.

No vaya a ser que por acá nos brinque un Carlos Castaño.

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