Reporte de inteligencia

Los jueces deben estar locos


Los jueces, al banquillo de los acusados.

El juez Tercero Penal de León, Jesús Luna Hernández, liberó de forma increíble a los presuntos asaltantes del banco HSBC. El juez argumentó que la detención fue ilegal y los dejó en libertad, aun cuando había videos de los asaltantes y antecedentes penales de uno de ellos.

A veces los criterios de los jueces son inexplicables.

Hace unos días el magistrado del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, Gustavo Araiza, liberó a dos presuntos violadores, con el argumento de que la víctima cooperó para ser abusada sexualmente.

Los casos son escandalosos.

En mayo del 2011, un juez de Valle de Santiago, Ernesto Aguilera Razo, liberó a 26 policías de Jerécuaro y Coroneo, acusados de estar involucrados con el crimen organizado, con el argumento de que no estaba probada jurídicamente la existencia de La Familia Michoacana. El juez Aguilera pedía que el Ministerio Público le demostrara que existía La Familia para afirmar que los policías habían permitido la entrada de los narcotraficantes a Guanajuato.

Los argumentos son ridículos.

Hace varios años, la Procuraduría de Justicia de Guanajuato, acusó al juez de León, Juan Diego Vega, de ser misógino por liberar a hombres acusados de agredir a sus esposas, e incluso se pidió la revisión de su desempeño en los últimos diez años y no ocurrió nada.

El año pasado, la juez de Guanajuato, Paulina Medina Manzano, liberó al agresor de la joven María de la Luz Salcedo, Lucero, golpeada brutalmente porque no quiso tener relaciones sexuales con el muchacho. La juez argumentó que no era delito grave golpear a la chica, y puso en libertad a Miguel Ángel Jasso, por no haber consumado la violación.

Se supone que los jueces son personas honorables, respetadas por la comunidad, incorruptibles, que reciben la alta responsabilidad social de impartir justicia. Deberían ser las personas más justas y correctas de la sociedad, pero en los hechos, no siempre es así.

El Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Guanajuato ha tratado de mover de sus cargos a un par de jueces, y no ha sido posible. Los jueces se amparan y ganan los juicios, con el apoyo de otros jueces solidarios, para regresar a sus cargos.

No hay quien los mueva.

Los jueces pueden liberar a narcotraficantes, soltar a golpeadores y violadores, y dejar sin cargos a los asaltabancos, y no hay poder que los sacuda. Nadie juzga a los jueces. Sí necesitamos jueces fuertes con autonomía y valor, pero también necesitamos jueces con sentido común, respeto a las personas y compromiso con la justicia. Ni tan fuertes, ni tan débiles. Ni tan locos, ni tan cuerdos. Ni tan apegados a la Ley, ni tan desapegados a la Ley. Jueces de carne y hueso, terrenales y sensibles, capaces de darle a cada quien lo que le corresponde.

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