Reporte de inteligencia

Guerra de auditorías

El PAN mandó hacer las más rudas auditorías para Bárbara Botello y hallaron precios inflados y obras con irregularidades. Pero entonces el PRI mandó hacer sus respectivas auditorías federales de Miguel Márquez y están por salir algunas inconsistencias en el ejercicio de los recursos.

Hay una guerra de auditorías.

De aquí para allá y de allá para acá.

La auditoría se está convirtiendo en un arma política para desprestigiar al adversario y quemar a los enemigos.

Si no hallan algo grave, mínimo salen raspados y embarrados. Si encuentran algo turbio y sucio, tienen la opción de girarle una orden de aprehensión y meterlo a la cárcel.

El Gobierno Federal, por ejemplo, mandó hacer una auditoría de Javier Duarte, el gobernador de Veracruz, y hallaron las pruebas para meterlo a la cárcel. En realidad a Javier Duarte ya lo querían tronar y por lo mismo le encontraron el cochinero. Si hubieran querido protegerlo, la auditoría habría salido perfecta.

La auditoría hoy día sirve para legitimar o descalificar una acción de gobierno. Por ejemplo ahora salió la auditoría de la compra de terrenos de Toyota y todo salió bien. No hay irregularidades. Algo similar pasó con la auditoría de los terrenos de la fallida refinería de Salamanca y con la auditoría del parque Guanajuato Bicentenario.

Cuando la auditoría la hace el gobierno en turno, todo sale bien. Cuando la hace el opositor todo sale mal.

Dios nos libre de una auditoría. Y es que queda claro que nadie aguanta una auditoría severa y profunda. Si a mí o a usted nos hacen una, nos agarran en algo chueco o turbio que merecería mínimo unas vacaciones en las Islas Marías.

pablo.carrillo@milenio.com