Reporte de inteligencia

La desgracia de los perdedores

Éctor Jaime Ramírez Barba aceptó la derrota interna y decidió competir en las urnas por una diputación federal. Asimiló la derrota con madurez.

Diego Sinhue Rodríguez igual comprendió que no le tocaba y le levantó la mano a Héctor López Santillana. Y Martín Ortiz, con el dolor de su corazón, fue disciplinado y acudió al evento de presentación de José Ángel Córdova.

No es fácil aceptar la derrota.

Los políticos perdedores de las contiendas internas sufren con los golpes políticos pero deben entender que no era su tiempo.

Aunque la derrota adquiere el cariz de desgracia cuando se está muy ilusionado. Juan Carlos Muñoz se bajó de la lucha por la Alcaldía de León y aceptó ser el candidato por un distrito local de León. Jorge Videgaray aceptó la decisión del CEN, pero no ha aparecido públicamente con José Ángel Córdova en el PRI. Mayra Enríquez se bajó de la contienda interna y aceptó una diputación federal por la vía plurinominal.

Pero a algunos les cuesta trabajo entender que no fueron los elegidos. Ricardo Sheffield, por ejemplo, no acudió a la presentación de Héctor López y ha declarado que el proceso fue desaseado en el PAN y ahora ataca a Carlos Medina.

Debe ser muy complicado estar ilusionado con la idea de ser y luego entender que no se es. Después de imaginarse en la silla de la Alcaldía, nadie se emociona con una diputación o una secretaría. Por lo mismo algunos caen en depresión.

Hay ejemplos de políticos que después de una derrota así, se deprimen durante meses. Hay esposas que lloran inconsolables y tardan meses en recuperarse. Pero eso ocurre cuando los políticos se obsesionan con un alto cargo. Lo dijo Manuel Gómez Morín hace décadas: Que no haya ilusos para que no haya desilusionados. Y ahora estamos llenos de desilusionados 

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pablo.carrillo@milenio.com