Reporte de inteligencia

La delincuencia local rebasó a la policía

El viernes, mataron a un joven egresado de la Universidad de León ahí por el rumbo de Explora, en un asalto. Se llamaba Miguel Ángel Castro.

Antier mataron a una jovencita en un restaurante del Parque Hidalgo para robarle una computadora. Se llamaba Paulina Méndez.

Estamos ante asaltantes dispuestos a robar y a lastimar a las personas.

Es un nivel de violencia más alto: robar y agredir, asaltar y matar.

Los ladrones no se tocan el corazón. Son unos desgraciados. Atacan y matan por artículos que no valen nada, como un celular o una computadora. No tienen respeto por la vida.

El domingo, otra mujer, fue asaltada y baleada por dos hombres que traían armas de fuego, afuera de un AutoZone, en el bulevar Hilario Medina. Se llamaba Sanjuana Arenas y tenía 40 años de edad. Le dieron un balazo para robarle la bolsa y el celular (por fortuna ella sobrevivió).

Los tres hechos han sido en territorios cercanos el centro de León.

Eso indica que los delincuentes no tienen miedo de actuar en zonas concurridas y supuestamente vigiladas. Los hampones están operando a cualquier hora del día, en cualquier zona.

Los policías de León no están cumpliendo con su labor.

Los delincuentes están desatados. Asaltan a plena luz del día. Se meten al centro de la ciudad. Entran a las casas. Asaltan a mano armada.

Es delincuencia común. No es crimen organizado, ni narcotráfico.

Es la delincuencia local. Los asaltantes de negocios. Los ladrones de barrio. Los bajadores de la calle. Los jauleros que se meten a las casas.

Son delincuentes leoneses. Ladrones de colonia que operan para comprar drogas o alcohol, capos de bajo nivel.

Hay que ponerles un alto.

Y no sólo se trata de vigilar las calles y prevenir los robos y ataques, también se trata de investigar los casos por parte de la Procuraduría General de Justicia del Estado. La Policía Ministerial tiene que investigarlos y capturarlos, meterlos a la cárcel y castigarlos. Tanto la Policía Municipal, como la Procuraduría, no están cumpliendo con su trabajo.

Los delincuentes son cínicos y desgraciados, porque no tienen miedo. Porque nadie los investiga. Porque no los descubren. Porque la policía preventiva nunca los captura. Porque la policía investigadora nunca los encuentra. Porque los encierran y los sueltan. Porque salen libres con una fianza o una trampa.

Los policías no quieren trabajar y no están comprometidos. Ellos conocen a los delincuentes y ellos saben quiénes son y dónde viven, pero no se preocupan por irlos a buscar o por denunciarlos.

Y luego los gobernantes se quejan del surgimiento de los grupos de autodefensa. Al paso que vamos, los ciudadanos se defenderán por sí mismos, con pistolas, con cuchillos, con las uñas, con metralletas .

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pablo.carrillo@milenio.com