Reporte de inteligencia

El árbitro Paul Tigrillo hizo honor a su apodo

Apenas llegamos al estadio y un amigo regio me dijo: "No puede ser. El árbitro es Paul Tigrillo".

¿Quién es ese?, le pregunté. Bueno, me explicó, en realidad se llama Paul Delgadillo, pero en Monterrey hay gente que le dice, en broma, Paul Tigrillo o Paulgrillo, por la sencilla razón de que siempre que pita a Los Tigres, siempre gana el equipo de Nuevo León.

Y así sucedió. Este señor Paul Delgadillo o Paulgrillo, se empeñó en pitar todas las faltas a favor de Tigres. Cualquier entrada fuerte del León, era falta. Cualquier entrada ruda del Tigres, era jugada limpia.

Era una cosa descarada.

De hecho, los aficionados lo insultaron y le gritaron, pero seguía muy cínico, pitando todo a favor de ellos, marcando el ritmo del partido. Después vino el gol de León y lo anuló por ser fuera de lugar, cuando la jugada era dudosa. Pero Paul Tigrillo lo pitó de inmediato. Luego hubo varias jugadas dudosas en el área de Monterrey y Paul Delgadillo o Tigrillo los defendía a morir.

Los árbitros de futbol suelen ser personajes extraños. Me da la impresión de que son futbolistas frustrados que nunca tuvieron una oportunidad de ser titulares y mejor se hicieron árbitros. Me acuerdo mucho de aquel Chacón, por cierto, de Irapuato, que una vez lo grabaron en un taxi, diciendo que cuando él pitaba siempre le iba bien a los equipos de Monterrey.

Son cínicos. Y son tipos tan raros que nunca sabemos cómo es su vida fuera de las canchas. No sabemos si ganan bien o ganan mal, si son corruptos o son honestos, ni cómo viven. ¿Cuánto ganará un árbitro por un juego de futbol? ¿Unos 10 mil pesos?. ¿O 100 mil pesos? Sabrá Dios cuánto les paguen, pero no parecen estar blindados ante los cañonazos de 50 mil pesos que históricamente hay en este país. De hecho, nadie avala que sean personas honorables como para darles un silbato e impartir justicia. ¿Cuánto vale un gol anulado en una semifinal? ¿Cuánto vale un pénalti en el momento crucial o una expulsión clave?

Es una profesión muy sufrida.

No conozco a ningún niño que quiera ser árbitro de grande y pitar muchos penales y expulsar a muchas estrellas para llevarse las mentadas de madre de todo el estadio. Es un oficio que, como diría Fox, ni los malos quieren hacer. Pero alguien tiene que hacerla de malvado y pitar todo torcido, sin perder la sonrisa. Justo como ayer lo hizo este tal Paul Delgadillo, mejor conocido en Monterrey como Paul Tigrillo o Paulgrillo.

pablo.carrillo@milenio.com