Reporte de inteligencia

Tarde de perros

La captura de Luis Jiménez Tovar, un jefe de los Zetas, sacudió al bajo mundo en León, según parece. En una sola tarde, ocurrieron dos ataques a balazos en la ciudad.

El primero fue a las 7:50 de la noche, en la colonia Bugambilias (Otomíes y Españita), cuando varios sicarios acribillaron a dos personas: José Aarón Silva García, de 35 años, y Alberto Delgado Ramírez, de 33.

El segundo fue 42 minutos después, en la colonia Los Paraísos. Los sicarios asesinaron a un hombre y balearon a otro que fue trasladado a un hospital.

La primera hipótesis es que los tiroteos tienen qué ver con la detención de este jefe de los Zetas, Luis Jiménez Tovar, quien se escondía en León, según los primeros datos.

El Gobierno Federal se está metiendo a Guanajuato, con intensidad. La Marina había capturado un día antes, en Pénjamo, a un peligroso jefe de los Caballeros Templarios, José María Chávez, “El Pony”, principal operador de los michoacanos en el Estado de México.

Los narcos siguen escondiéndose en Guanajuato.

No hay registros de que El Pony estuviera cometiendo delitos en Pénjamo, sino que más bien desde ahí operaba todas las fechorías en el Estado de México. Se escondía en Pénjamo.

Tampoco hay reportes de actividades ilícitas de Luis Jiménez Tovar en León. Jiménez movía el crimen organizado en Tamaulipas, pero aquí mantenía un perfil muy bajo, sin hacer mucho ruido. Aquí era su refugio.

Guanajuato se ha convertido en un escondite perfecto para los narcotraficantes. La plaza no está caliente. Hay cierta seguridad para sus familias. Hay comodidades. Se vive bien. No hay conflictos entre grupos criminales. Hay servicios de calidad. Aquí no llaman la atención. No es una zona observada por el Gobierno Federal. De tal forma que Guanajuato es tal vez el mejor lugar para vivir para los narcotraficantes.

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pablo.carrillo@milenio.com