Reporte de inteligencia

Olvidamos el centro y preferimos el norte

Una persona me dijo ayer que hace tres meses que no va al centro de León.

Entonces le pregunté a varios leoneses y me llevé una sorpresa. Un hombre me aseguró que tenía 5 meses sin pararse en la zona peatonal. Y otra persona me comentó que tenía 2 meses sin ir al centro de la ciudad.

Los leoneses nos estamos alejando del centro histórico por múltiples razones. Las mejores tiendas ya no están ahí. Los artículos de moda nunca están en esa zona. No hay ni un cine. No hay un restaurante de alta cocina, ni un café digno de visitar. Las tiendas de autoservicio tampoco están por ahí. Ni las vinícolas (como era en un tiempo), ni las frutas y verduras (como era en el Descargue Estrella), ni las grandes ferreterías y tiendas de herramientas.

La ciudad se asombra con el norte y su crecimiento económico. Y el centro de León está perdiendo sentido. Sólo hay negocios de pizzas baratas, tiendas de electrodomésticos, locales de celulares y tiendas de ropa. Una que otra zapatería, un viejo restaurante sin prestigio y múltiples locales de baratijas chinas, maquillajes y bisutería barata.

El estacionamiento es un dolor de cabeza. Si te quedas 3 ó 4 horas, pagas hasta 50 ó 60 pesos, y no hay cajones en la calle. Sale mucho más caro que ir a un centro comercial como Centro Max donde encuentras lo mismo y es gratuito el estacionamiento, o como en Plaza Mayor, donde pagas 10 pesos hasta por 3 ó 4 horas.

Entonces no hay muchas razones para ir al centro de León. Si acaso, acude uno a la Presidencia Municipal a hacer un trámite, al teatro Doblado o a una mercería a buscar los útiles escolares (lo único que hay son los bares de la calle Madero). Y cuando queremos caminar y distraernos, mejor vamos a Altacia, a Plaza Mayor o a la Gran Plaza –los templos del consumismo-, en donde tristemente hay más cosas que ver. No es casual que los leoneses no vayamos al centro (y menos ahora que hay obras y calles cerradas). Estamos perdiendo el gusto por el centro histórico, sin darnos cuenta, y no debemos permitirlo.

No podemos perder el centro, con todo lo que eso implica. Es el punto interior equidistante de los límites de la ciudad. El ombligo del pueblo. El punto donde convergen las ideologías y pensamientos, clases sociales y preferencias. Es el origen y la consolidación de la ciudad. La parte central de la sociedad. La sede del poder y el arte. La historia y la cultura del pueblo. La esencia de León. Aunque esté feo y descuidado, tenemos que volver al centro. No por nada se llama centro.

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pablo.carrillo@milenio.com