Reporte de inteligencia

Michoacán, un estado perdido

En el 2005, conocí al entonces secretario de seguridad de Michoacán, Rogelio Zarazúa. Lo traté por un conflicto que había entre policías en ese tiempo. El alcalde de Morelia era El Chavo López del PAN, el gobernador era Lázaro Cárdenas Batel del PRD y el presidente de México, Vicente Fox Quesada. 

Total que el secretario de Seguridad del Estado me dijo que tenían un problema serio con los policías michoacanos. Me enseñó una lista que llevaba cómo título algo parecido a: Lista de policías estatales involucrados con narcotraficantes.

Tuve la lista en mis manos. Era un oficio de dos hojas de la SIEDO (Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada de la PGR), con más de 100 nombres de comandantes y policías de Michoacán involucrados con el crimen organizado. 

-Tenemos un problema serio –me comentó Zarazúa-. Tenemos identificados a muchos policías que trabajan para ellos, pero no podemos despedirlos a todos porque habría una reacción –agregó.

-¿Y qué van a hacer? –le pregunté.

-No lo sé. La Federación no quiere entrarle de inmediato y nos pide leerles la cartilla a todos. Y despedirlos poco a poco –me explicó. Tenemos que limpiar la policía, de lo contrario, van a crecer y van a tener un gran poder.

Zarazúa no pudo hacer nada.

A los cuatro meses de aquella conversación, lo asesinaron en el restaurante Las Trojes de Morelia. Un comando armado lo ejecutó, vulnerando su seguridad personal.

Los narcotraficantes lo ajusticiaron, antes de iniciar la depuración policiaca.

Eso fue hace 8 años.

Hace 8 años, cuando los narcos de Michoacán eran respetuosos de las autoridades. Había convivencia entre autoridades y narcos. No existía la Familia Michoacana, ni Los Caballeros Templarios. No había tantos muertos ni balaceras, menos grupos de autodefensas. Felipe Calderón no era ni candidato y no existe la guerra contra el narcotráfico.

En el 2005, antes de todo esto, Michoacán era uno de los grandes productores de mariguana y metanfetaminas, pero no había violencia. No había ataques a instalaciones estratégicas, ni cobro de impuestos a los empresarios.

Los dejaron crecer.

El Gobierno Federal y el estatal, sabían que algo grave se venía, pero no hicieron nada para evitarlo. Zarazúa lo advirtió, pero no le hicieron caso. Las autoridades sabían que los narcos se estaban adueñando de las policías y no actuaron.

Hoy día estamos ante un problema de grandes dimensiones. Es un auténtico estado perdido. Por lo mismo da risa y coraje ver que el Gobierno Federal dice que ya rescataron Michoacán. Eso no se los cree ni Juan Colorao.

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