Reporte de inteligencia

García Márquez, quería ser como Cervantes

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. La entrada tiene fuerza y velocidad. Posee encanto y atrapa al lector. Es hermosa.

El primer párrafo de Cien Años de Soledad, la novela más importante de Gabriel García Márquez, es memorable. Cada palabra, cada coma, cada letra, está ahí, con una intención. De las mejores entradas de la historia.

Si la lees una vez, no la olvidas.

Es como aquella frase de arranque de El Quijote de Miguel de Cervantes Saavedra que dice: En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero. Después de una frase así, hay que leer el libro.

Gabriel García Márquez es el Cervantes de estos tiempos. Y su libro Cien Años de Soledad es tal vez el segundo mejor libro de la historia escrito en español, sólo detrás de El Quijote de la Mancha.

García Márquez estaría a la altura de Cervantes.

En 1997, tuve la suerte de conocer y tratar a García Márquez, en un taller sobre crónica y reportaje, impartido por él a 12 periodistas del continente, y justó ahí habló de Cervantes. Le pregunté a Gabo, qué pensaba en el momento de sentarse frente a una hoja de papel en blanco y una máquina de escribir, y me respondió una frase contundente: “Cuando voy a empezar a escribir, pienso que soy Miguel de Cervantes. Y cada que me pongo frente a una máquina, pienso que voy a escribir como Cervantes”.

Gabriel García Márquez escribía como el mismo Cervantes, y su aportación al idioma español ha sido fundamental en el mundo de habla hispana. Sus historias son nuestras historias. Sus frases y sus expresiones se han incorporado al lenguaje cotidiano de los que hablamos español. Por él existe Macondo, ese sitio mágico que podría estar ubicado en cualquier país del continente. Gabo incorporó palabras, conceptos y expresiones al idioma.

El Coronel no tiene quien le escriba. Mariposas amarillas. Remedios La Bella. Santiago Nasar. José Arcadio Buendía. Aureliano Buendía. Crónica de una muerte anunciada. El amor en los tiempos del cólera. La increíble y triste historia de la cándida Eréndira. Sus libros y sus personajes son parte de nuestra literatura y nuestra cultura.

García Márquez entendió el pensamiento latinoamericano. Su obra cuenta la magia de ser latinoamericano y vivir como colombiano, como mexicano, como centroamericano. Era un gigante. Un hombre universal. Un clásico. Un escritor de talento único. Un narrador extraordinario. El mejor periodista de la historia. El más grande colombiano de todos los tiempos.

Su obra ha sido traducida a 40 idiomas. Su libro, Cien Años de Soledad, vendió 50 millones de ejemplares. Y se convirtió en un hombre popular en el mundo, sin tocar guitarra o patear un balón. Su funeral, según parece, romperá también con todo lo visto hasta ahora. Miles de mariposas amarillas fueron liberadas ayer afuera del Palacio de Bellas Artes, recordando esa imagen de Cien Años de Soledad. Y cientos de personas fueron a despedirlo.

Tal vez todavía no entendemos lo que Gabo aportó a la literatura, a la cultura, al lenguaje y al periodismo. El tiempo, nos dirá si fue tan grande como Shakespeare para el idioma inglés, como Víctor Hugo para el francés o como Cervantes para el español.

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