Reporte de inteligencia

Érase una vez un maloso admirado llamado "El Chapo"

La historia de la fuga, es tan asombrosa, que ya le concedemos a Joaquín El Chapo Guzmán, poderes fantásticos. El Señor de las Fugas mandó construir un túnel de 1 kilómetro y medio, aprovechó el punto ciego del circuito cerrado de televisión -tenía los planos-, se quitó el brazalete, utilizó una motocicleta, tronó los focos del túnel y huyó en cuestión de minutos, sin dejar huellas.

Estamos ante la construcción de una leyenda del narco.

Lo estamos haciendo grande. El Chapo es un hombre inteligente, dicen. Talentoso, afirman. Atrevido, exclaman. Descarado, reconocen. Aparece en la lista de Forbes de los hombres más ricos del mundo. Es el capo más buscado del planeta. Es el gran escapista, más grande que Houdini. El coco de la DEA. A la altura de Pablo Escobar. Sus anécdotas se cuentan como si fuera Pancho Villa. Ofrecen una recompensa de 60 millones de pesos por su cabeza.

Estamos construyendo la gran historia de un capo muy atractivo para los ciudadanos necesitados de personajes a seguir.

Cuando lo capturaron el año pasado, decepcionó a sus seguidores, porque ni siquiera disparó una bala. Se veía inofensivo. Pero ahora recupera su prestigio de gran capo. El único que se ha fugado dos veces, ahora de Almoloya. Il capo di tutti capi de la mafia.

Estamos confundiendo al pueblo.

Ayer vi en Facebook, a un amigo que se declaraba simpatizante de El Chapo por su gran capacidad y talento. Y vi a otra persona que escribió que debería lanzarse para un cargo público porque era mejor que los políticos. Un columnista escribió que El Chapo es un hombre de talento, de paciencia e ingenio. Otro por ahí dijo que El Chapo deja una marca de astucia e ironía. Y leí a muchas personas festejar la forma en que burló a las autoridades y que exhibió al gobierno de Enrique Peña Nieto.

El Chapo se burla del Gobierno que nos tiene pobres. Es el único que los pone en su lugar de idiotas. De tal forma que el mafioso está adquiriendo el papel de vengador de todo lo que supuestamente nos hacen.

Es un malvado –ha mandado matar a muchas personas-, pero tiene la simpatía del pueblo. Y su facilidad para escapar, lo hace especial. ¿Cómo le hizo? ¿Compró a los custodios? ¿Los amenazó? ¿Los convenció? Sólo El Chapo puede escapar de Almoloya o El Altiplano. Ni Caro Quintero pudo. Ni El Güero Palma. Ni El Mochaorejas. Ni Mario Aburto. Ni los históricos malos del pueblo, Alfredo Ríos Galeana (el más grande asaltante de bancos de la historia) o Miguel Ángel Félix Gallardo (el maestro de narcos). Sólo El Chapo Guzmán tiene el talento para salirse primero adentro de un carrito de ropa sucia (Puente Grande) y luego a través de un túnel construido hasta su regadera (Almoloya).

Por lo mismo, el pueblo, en el fondo, no quiere que lo capturen. Una captura rápida lo haría otra vez terrenal y pequeño, como todos. El pueblo desea que El Chapo huya y desaparezca. Que siga siendo un criminal escurridizo y victorioso. Un mito. Un hombre seguido por muchos aunque sea malo. Un maloso admirado, habrase visto. Un criminal que suele ser calificado como un caballero de palabra. No es tan malo, dicen para justificarlo. Hay peores. No mata por matar, juran. No corta cabezas. Ni mata inocentes, aseguran. Su huida de Almoloya –en motocicleta a través de un túnel-, será una de las grandes fugas de la historia, digna de El Chapo Guzmán, una leyenda viviente del narcotráfico.

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pablo.carrillo@milenio.com