Reporte de inteligencia

Equipo León, el deseo colectivo de la gloria

Esto ya no es futbol.

Es un caso para los sociólogos. Medio León se volcó a la calle.

Unos muchachos asomaron la cabeza por encima de esos árboles que parecen copas de helado de pistache que están en el centro de León.

Unas chicas se pintaron la cara de verde y se treparon en los árboles de la calle Pedro Moreno para ver pasar al equipo.

Un perro salió con su camiseta esmeralda.

Un señor se puso ebrio desde la mañana para festejar por segunda vez en una semana. Un muchacho se acabó la voz de tanto gritar las porras.

Las señoras salieron a ver a Rafa Márquez.

Los niños quieren ser como Gullit Peña o como Boselli.

La gente empezó a corear el nombre de Matosas.

Brotó el orgullo de ser de aquí.

El honor de ser zapatero, el orgullo de ser panza verde.

Era imposible hacer un cálculo de cuántos ciudadanos salieron a las calles. Tal vez 200 mil o 500 mil leoneses.

Bonito León Guanajuato.

Otros muchachos se treparon a los faroles del centro histórico como si fueran alambristas. Dos jóvenes hicieron malabares en el puente del amor, con riesgo de caer al río de Los Gómez, con tal de verlos pasar.

Un jovencito se trepó a un poste de la zona peatonal, como un auténtico trabajador de la CFE, para verlos un ratito. Otro señor se subió al sexto piso del Hotel Rex para tomar una fotografía.

Aquí se apuesta la vida.

Una señora rentó una mesa del restaurante La Buhardilla, frente a Catedral, para tener un palco exclusivo. Muchos jóvenes caminaron desde el Estadio León, hasta el centro, detrás del camión, sin dejar de cantar.

Un día histórico.

Un día que recordaremos durante muchos años, como el día en que León fue campeón por sexta ocasión. El León de Rafa Márquez, de Gallito Vázquez, de Luis Montes, de Boselli, de Britos, de Nacho González, de Magallón, de Burbano, de Loboa, de Arizala, del Aris, de Yarbrough. Un día como aquel 7 de junio de 1992 (cuando ganamos el quinto título), un día tan memorable como cuando vino el Papa Benedicto XVI.

Un señor comenzó a llorar afuera de Catedral.

“Esto no se ve todos los días”, dijo, con los ojos vidriosos.

León es campeón del futbol mexicano. León es el mejor equipo de México. Y eso rebasa lo futbolístico. Es motivo de orgullo local, de regionalismo. El campeonato nos da identidad, nos resalta el honor local. El futbol nos hermana. Nos hace sentir afortunados de ser de aquí.

El equipo León satisface el deseo colectivo de la gloria.

Hoy León vive la gloria.

Somos dignos de aquí.

Por ahí en el centro me encontré a Jorge, un amigo que vive desde hace 20 años en el DF. “Aquí estoy”, me dijo. “No me podía perder este día”. Por ahí andaba también un primo, Iván, quien vino desde Las Vegas para ver los dos partidos de la final. “Tengo 30 años en los Unites, pero tenía que venir”, me dijo.

El orgullo se impone.

León festeja. León disfruta. León tiembla. León brinca. León grita. León canta. León echa porras. León disfruta. León se cimbra. León se altera. León se aloca. Nadie que no sea de aquí puede entenderlo.

Aquí en mi León Guanajuato, la vida no vale nada.

El triunfo vale todo.

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