Reporte de inteligencia

Eliminar el puto sería una lección de respeto

En el estadio León, nadie hizo caso.

En el juego del sábado pasado contra el Monterrey, una y otra vez, los aficionados leoneses gritaron: “eeeeeehhhhh… putooooooo”.

Es un asunto de respeto.

Esta arenga futbolera es ofensiva y grosera. No es ejemplo de conducta en una sociedad. Es una burla colectiva para una persona, regularmente dirigida a un portero. La palabra puto en sí misma es denigratoria. Tiene varias acepciones, como necio o tonto, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero también significa la persona que tiene concúbito con persona de su sexo y según parece a esta acepción se refiere la ofensa futbolera.

La primera vez que la escuchamos, nos sorprendimos y nos desconcertamos, pero nos reímos. Y cuando un niño nos decía: ¿Qué gritan?, le contestábamos: pluto, como el perrito de Disney. Nos daba pena reconocer ante los niños que todo el estadio gritaba una palabra que no era correcta, menos pronunciada de manera pública y colectiva. El grito es ofensivo pero es a la vez liberador de estrés. No por nada se convirtió en un grito de guerra en todos los estadios de México. Tanto que llegó al Mundial de Brasil en el 2014.

Y ahí fue en donde lo cuestionaron por primera vez con seriedad. La FIFA advirtió que era un grito ofensivo y denigratorio y pidió no utilizarlo más en los estadios.

Hasta entonces nos dimos cuenta que nuestro grito de guerra, era inapropiado y homofóbico. Un mal ejemplo para la sociedad. Hay que eliminarlo. No hay duda. Hay que desterrarlo. Pero la sociedad no quiere desaparecerlo. En León nadie hizo caso. Los leoneses volvieron a gritar ¡¡puto!!. Como si fuera creativo o ingenioso. En realidad ya no es original, ni chistoso. Es vergonzoso. Es horroroso. Quitarlo podría ser una gran oportunidad en México de dar una lección de un valor que nos hace mucha falta: respeto.

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