Reporte de inteligencia

El Aztecazo dejó heridos y dolor

Un muerto por una puñalada.

Siete heridos por arma blanca.

Una jovencita que se cayó de una camioneta.

Once muchachos golpeados en riñas callejeras.

La vida no vale nada.

No todo fue una fiesta.

También hubo tragedias.

El joven asesinado en Rizos de las Joyas comenzó a discutir con un conocido por la final León-América y murió de una puñalada en el abdomen.

El reporte oficial fue impresionante: 800 mil leoneses salieron a festejar en las calles de la ciudad durante la noche del domingo.

Aunque no todos salieron a festejar. Hubo muchos que salieron a pelear con cualquiera, a hacer destrozos, a mover automóviles, a tomar cerveza toda la noche, a provocar, a desafiar, a romper las reglas y a causar daños en la ciudad.

La pasión confundida con la rebeldía.

El festejo convertido en vandalismo. El desorden en las calles. El grito para atemorizar. El puño cerrado. El insulto. La maldición.

Es extraño. El futbol alimenta el deseo de demostrar dominio. Es la nueva forma de competir y ganar, de vencer. Es una especie de guerra moderna entre un equipo y otro, entre una ciudad y otra. Tal vez ahí está el problema: en el competir por el deseo de vencer. Es un mal entendido. El futbol no es bélico, es pacífico. No es rudo, es técnico. Debe alimentar el espíritu deportivo y no la competencia despiadada.

Pero el futbol está mal entendido por estos muchachos. Ellos lo ven como un pleito callejero, como la oportunidad de vencer. Por eso en el festejo hay puñaladas y golpes, sangre y dolor.

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