Reporte de inteligencia

Autoritarismo en el futbol

El entrenador Ricardo Tuca Ferreti tuvo el atrevimiento de cuestionar al arbitraje y ya lo castigaron con una multa de 200 mil pesos. Tomás Boy cometió el error de poner en duda a los árbitros y también ya le aplicaron su sanción y multa (112 mil pesos). El Piojo Herrera hizo declaraciones polémicas y también ya lo llevaron al banquillo de los acusados.

En el futbol nadie puede decir nada.

Luis El Chapo Montes decidió aplaudirle al árbitro Paul Delgadillo el sábado pasado (después de un error arbitral grave y burdo) y fue expulsado de inmediato, afectando a su equipo. Nada más falta que lo vayan a castigar por estar en contra de una injusticia en la cancha.

¿Hasta dónde vamos a llegar?

Ahora resulta que se castigan las declaraciones en contra de los árbitros, pero no se castigan los errores de los árbitros. Para la Federación Mexicana de Futbol es grave hablar y expresar inconformidades, pero no es grave que los árbitros cometan errores burdos que cambian el resultado de los partidos.

Es decir que no hay libertad de expresión en el futbol.

No hay derecho a la réplica.

Así de simple: No hay democracia, ni justicia.

En el futbol, la única voz que cuenta es la de la Federación Mexicana de Futbol y la de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) a nivel internacional. Todo lo que los clubes y futbolistas digan, no tiene ningún valor.

No hay ni siquiera una segunda instancia.

Es decir que nadie puede quejarse de lo que ellos resolvieron.

En cualquier sistema de justicia en el mundo hoy día hay una segunda instancia para pedir la revisión de las resoluciones. Es un principio elemental de justicia, la impugnación, o la segunda instancia. Eso garantiza que el sistema revisará las resoluciones de la primera instancia para asegurarse que no hay un error o una mala intención.

Aquí no hay revisión.

No existe esa posibilidad.

Lo que dice la Comisión de Arbitraje no puede ser cuestionado y es la verdad absoluta.

El futbol requiere modernizarse, como el mundo mismo.

La Federación sigue actuando como las instituciones de los años setentas y ochentas, sin hacer un esfuerzo por democratizarse y modernizarse.

La Federación actúa como el PRI de los setentas.

Si alguien se queja, cállalo.

Si alguien insiste, castígalo.

Si no obedece, expúlsalo y no lo dejas jugar.

Así o más autoritario.

Así o más injusto.

Por todo eso el futbol está perdiendo credibilidad. Los árbitros y los directivos son los dueños del balón y son los reyes del futbol. Actúan como si fueran los monarcas a quienes nadie puede cuestionar ni pedir cuentas. Cuándo entenderán que el futbol debe ser también justo y democrático, porque esos son los principios modernos de la humanidad.

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