De café

Café de olla

Don Francisco Leyva, pedalea su bicicleta por la polvosa brecha rumbo a su rancho de nombre Paparique. Carga en la parrilla trasera el bastimento para su familia: piloncillo, galletas, sal, arroz, granos de café para tostar y un puñado de municiones. Todo lo compró en el pueblo de Choix, al norte de Sinaloa.

El atardecer se observa impresionante. El rojizo sol le otorga tintineantes tonos dorados al río "El Fuerte" que bordea el camino hacia el rancho. Antes de emprender la marcha, Don Paco esperó en Choix a que bajara la resolana.Para hacer tiempo, charló con los viejos del pueblo a la sombra de un mezquite, mientras tomaban un agua de cebada.

Casi oscurece. El señor Leyva no quiere quele anochezca antes de llegar a su destino, pedalea con mayor fuerza. A lo lejos, entre los matorrales, observa las luces de las tres casas de su rancho y escucha a sus perros.Los animales ladran y corren jubilosos a su encuentro.

Doña Gildarda, su esposa, lo espera con el anafre encendido. Está ansiosa por tostar café. Desde el día anterior había puesto a remojar los garbanzos.Después, por la mañana se levantó a secarlos al sol. Los garbanzos son necesarios para dar mayor volumen al poco aromático del que disponen.

El comal está listo, en su punto. Doña Gilda echa medio kilo de café en verde a tostar. En ese instante, Francisco grita y regaña a sus hijos para que preparen las armas, pues en la madrugada saldrán de cacería. Los adolescentes se alborotan, gritan y se pelean de gusto entre ellos. Quieren festejar el cumpleaños de la señora con carne de cochi jabalí, y si tienen suerte, con carne de venado.

El café se tuesta, truena, parece maíz palomero. El humo y el aroma invaden Paparique. Dos kilos de garbanzo son incorporados entonces al gran comal deGildarda, así se tuesta más rápido. La señora no deja de mover los granos con una pala de madera.

Unas horas después, en la madrugada, Doña Gilda es la primera en probar el café. Lo preparó en la olla. Le gustan los granos bien negros, casi como carbón. Los tuestatal como su madre le había enseñado. Da el primer sorbo, está agarroso y muy fuerte, sabe a quemado. De inmediato, agrega piloncillo y canela para que el sabor se apacigüe. Las especias le dan un toque exótico y brevemente disfrutable.

El alba apenas despunta en la sierra, la que hace frontera con Chihuahua. Las mulas están ensilladas y listas para partir. Don Paco y sus hijos desayunan y beben café de prisa, sin disfrutarlo, sólo esperan recibir su energía. Acto seguido, enfundan sus armas y parten con rumbo al cerro, por donde sale el sol.

Doña Gilda los ve alejarse,seguidos por su jauría. Entonces, paciente, sirve su taza de café con canela y piloncillo.Remoja muy lentamente una galleta de coco en el elixir. Suspira, disfruta de su bebida, así como de los días de tranquilidad que tendrá en el rancho. Mientras tanto, su esposo y los muchachos van por la poca carne que tendrán posibilidad de probar en mucho tiempo.

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