De café

Página Negra del Café

La Huerta, Jalisco, 2006, los ganaderos estaban felices porque Estados Unidos permitió la entrada de bovinos carne de las regiones libres de brúcela y tuberculosis, la compra era por jaulas (tráiler) con 100 becerros.

Hasta que un día, la demanda superó a la oferta y la zona se despobló, de tal manera que en una ocasión sólo un becerro faltaba para llenar la jaula, y un par de ganaderos decidieron que sería muy fácil enviar un becerro holstein, de ganado lechero, "que al cabo, con pintura negra sobre el animal, pasaría desapercibido entre otros 99" por supuesto en los corrales de Laredo, Texas, inmediatamente observaron raro al espécimen, lo separaron y Jalisco obtuvo un vergonzoso castigo por tan torpe intento de engaño.

Hablar del café es mi pasión y objetivo en esta columna, y lo trato de mostrar con lo maravillosa y compleja que es esa cultura, pero también hay que ser críticos y mostrar las páginas negras del grano en México, para no repetir la historia.

En 1958 por decreto Presidencial se creó el Instituto Mexicano del Café, con la finalidad de promover y difundir los mejores sistemas de siembra, beneficio y comercialización, con resultados aceptables, tan es así que en 1962 nació la Organización Internacional del Café con sede en Londres y cuatro mexicanos ocuparon la presidencia en cinco periodos. Para finales de los 60s especialistas del INMECAFE mostraban y defendían el grano nacional al mercado europeo, y lograron no solamente buenos precios y ventas, si no ubicar la calidad del aromático azteca entre los mejores del mundo, al superar a Colombia y Brasil.

Las condiciones no podían ser mejores, los contratos comenzaron a fluir y el Instituto hacía su labor organizando a los productores de Veracruz, Oaxaca, Chipas, Puebla, y las Huastecas. La consigna era conjuntar millones de sacos, con frescura, tamaño y proceso igual al de los lotes de muestra. Sin embargo, cuando estos sacos llegaron por barco al puerto de Hamburgo y fueron revisados, los inspectores se encontraron con la terrible sorpresa, así como en el caso de la ganadería de Jalisco, que un porcentaje significativo de esos quintales, contenían granos de tercera calidad, manchados y avinagrados, rotos y espumillas, prácticamente basura. El engaño era inconcebible, un puñado de cafeticultores de voracidad desmedida y poco cerebro dieron al traste con años de trabajo y esfuerzo. Aún las culpas se reparten entre los agricultores y el desaparecido instituto.

Las nuevas generaciones que integramos la cadena productiva del aromático tenemos un trabajo doble, generar calidad y recuperar la credibilidad de que el café de México es de los mejores del mundo, y lo que no deja lugar a dudas es que no importa si tenemos la mejor calidad y los mejores procesos, la realidad va más allá, debemos producir lo mejor y honrar los tratos comerciales pues nuestra palabra va en ello.