De café

De lo Orgánico al  Greenwashing

Agua orgánica de manantial sagrado del desierto; carne de cerdo vegano, orgánico y kosher; miel de abeja descafeinada y freegluten. Éstas y otras sandeces más se pueden leer en etiquetas de algunos productos sobre todo en los mercaditos "alternativos, justos y orgánicos".

Aunque parecen una mala broma, esas descabelladas descripciones son el resultado de una regulación incompleta y confusa, sobre todo a lo que a productos orgánicos se refiere. Pocas personas saben por ejemplo que la "Ley de Productos Orgánicos" decretada en 2006 y su reglamento del 2010, otorga la tutela de la regulación y certificación a la SAGARPA por conducto de su órgano desconcentrado SENASICA (Servicio Nacional de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria), La poca información que hay del tema causa confusión, pues estamos acostumbrados a ver estas siglas sólo en normativa de apoyo al sector rural, y no la relacionamos con la idea conceptual de la palabra "orgánico".

El desconocimiento en la mayoría de los productores y consumidores, hace que unos cuantos vivales aprovechan las imprecisiones y con el afán de vender más y más caro, dan a sus mercancías una serie de atributos y al comprador un greenwashing que cualquier chamán envidiaría.

El café no es ajeno a esta problemática. A finales de los noventas, cuando no se tenía una ley y menos un reglamento, algunas empresas extranjeras afincadas en México comenzaron a promocionarse entre los productores del aromático; daban a conocer las virtudes de certificar su producción cómo "orgánica", pero sin embargo omitían la parte más importante, la venta, pues no mencionaban que deberían tener un comprador para la cosecha, el resultado: Precios exorbitantes al público, pues cubrir el costo de la certificadora es doblemente exorbitante.

Sí bien es cierto que el consumo del café orgánico cada día es mayor, sobre todo por la tendencia de conservación ambiental, la verdad es que ninguna de las regulaciones gubernamentales en el mundo establecen criterios de calidad y frescura, pues se enfocan en puntos que tienen que ver con el uso mínimo de agroquímicos, pesticidas y otros enceres. Aunque y como nota informativa: los estándares de importación de productos orgánicos del JAS (Japanese Agriculture Standar) y del USDA (E.U.) son más amplios de lo que pudiéramos imaginar e incluyen un listado de productos químicos que nos asustarían.

En México este mercado también crece, sin embargo, es en el café donde se nota con mayor certeza que lo orgánico no está emparejado con la calidad, y para infortunio del gremio es los granos certificados donde se encuentran las cualidades más bajas del aromático; por supuesto no generalizo, pero sin lugar a dudas debemos aprender a no engancharnos de las tendencias, pues para comprar sano y de calidad primero hay saber el proceso y origen, y mientras cuidamos así nuestro dinero acabamos con tan burdas triquiñuelas cuyo único límite es la imaginación del publicista.