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¿Se puede confiar en Trump?

El presidente Roosevelt dijo: “El bienestar de cada uno de nosotros depende del bienestar de todos nosotros”. Hoy es muy sabido que la oxitocina, un neurotransmisor cerebral, está relacionado con el nivel de confianza entre las personas. En un sentido biológico, el vínculo entre una madre y su hijo recién nacido es la máxima expresión de confianza. Por eso la confianza no solo está arraigada en lo individual, sino también en el bien común.

Confiar en una persona es creer en su integridad, su fortaleza, su capacidad y seguridad. La confianza hace previsible la vida social, da un sentido de comunidad y permite que las personas trabajen juntas. La confianza es la base de todo. La confianza es el ingrediente indispensable para la conservación de la vida.

Es la confianza la divisa principal en las relaciones comerciales y políticas; el fundamento de las instituciones humanas.

Hoy podemos observar las consecuencias de la “pérdida de confianza” en las disputas territoriales, religiosas y discriminación étnica entre vecinos. Esta desconfianza contagia a todos los sectores, como se puede notar con la subida y bajada del dólar en cada declaración del presidente Trump. Buena parte de esta desconfianza proviene de lo imprevisible y errático de sus declaraciones.

En términos psicológicos la confianza en una persona dependerá de que esa persona se ocupe de mis intereses y yo de los suyos. Es en el lóbulo frontal donde habita la confianza; ahí se interconecta con millones de neuronas a otras áreas cerebrales entre ellas el sistema límbico, el área más primitiva de nuestro cerebro, que dicta las acciones de ataque o huida con tal de sobrevivir. Es probable que el Señor Trump tenga una disfunción en estas áreas, que se expresan como un individuo que no es de fiar y que carece de empatía; megalómano y narcisista. En un ambiente de desconfianza poco se puede hacer.

Viktor Frank un psiquiatra famoso que sobrevivió a la matanza nazi, propuso que, además de la estatua de la Libertad en Estados Unidos, se construyera otra de la responsabilidad. Yo le agregaría otra estatua: La de la Confianza. 


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