VADEMECUM

Los ojos del diabético

En una entrevista se le preguntó al célebre escritor Jorge Luis Borges ¿El haber quedado ciego le “despertó” los demás sentidos? Borges contestó: “No, para nada, cuando se pierde la vista poco a poco uno no aumenta la sensibilidad ni la audición”. La Diabetes Mellitus es la primera causa de ceguera en el mundo, entre las personas mayores de 20 años.

Es lamentable como una sola enfermedad va lacerando y desgastando a una gran parte de la población; es fácil observarlos, algunos van por los pasillos hospitalarios en sillas de ruedas y otros deambulan, se guían con un bastón.

Para que un paciente diabético llegue a perder la vista, se necesitan por lo menos diez años de evolución o de tiempo con la enfermedad. Pero hay diabéticos que se quedan ciegos mucho antes; y esto se debe a que desconocían que “eran diabéticos”.  

Otro factor que precipita la ceguera es el ser diabético y ademas  tener Hipertensión Arterial. Es muy común que la diabetes se acompañe de presión arterial alta. El buen control de la glucosa y la presión pueden retrasar de manera importante la ceguera. Cuando los niveles de azúcar en sangre permanecen elevados inicia la inflamación y edema de la retina; produciendo reducción en el flujo sanguíneo.

La  falta de oxigeno provoca la formación de nuevos vasos sanguíneos- defectuosos-  en la retina, que llegan a hemorragias y cicatrización o fibrosis. Los diabéticos tienen 25 veces más probabilidad de convertirse en ciegos que aquellos que no padecen diabetes.

Todos los enfermos diabéticos deben de ser examinados por un oftalmólogo. Una revisión practicada por otro especialista o un médico general es de poca utilidad. Los oftalmólogos son expertos en dilatar la pupila y observar los cambios tempranos del daño a la retina; además pueden ofrecer la fotocoagulación terapéutica con láser.

Un paciente diabético complicado con ceguera es un paciente muy mal cuidado; suelen complicarse además con lesiones en los pies tipo úlceras o llagas, porque no ven bien por donde caminan y se golpean con los bordes de las sillas y mesas; además la sensibilidad de los pies es menor y no “sienten” los golpes con la misma intensidad.

La presencia del “Pie diabético” ulcerado o gangrenado es más común en los diabéticos con mala visión. La ceguera adquirida paulatinamente en el diabético no aumenta la sensibilidad y los sentidos; sino al contrario los empeora.  

Pero cada quien vive su ceguera. Dios irónicamente me quitó el mundo de las apariencias, para crearme el mundo del dictado; es raro, ahora que estoy ciego extraño el color negro solo el amarillo me es fiel; para mi la ceguera no es una total desdicha, sino un instrumento más  entre los muchos tan extraños que la providencia pone en nuestras manos; decía el poeta Borges. 


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