VADEMECUM

La medicina de Dios

Hace casi cien años, un farmacéutico alemán  descubrió un derivado del opio, lo llamó morfina, a partir de la palabra griega morphos, que significa “formas” ( Existe la creencia errónea que el nombre de morfina tiene que ver con el dios griego del sueño, Morfeo). Esta sustancia resultaba mágica, quitaba el dolor, con una sensación placentera, en algunos casos no lograba suprimir el dolor, pero el dolor no afectaba a la persona. Cuál era el secreto de esta “maravillosa flor”. En 1972 por fin se descubrió que en el cerebro existen receptores opiáceos; es decir, que el opio actúa ocupando estos receptores en el cerebro; o sea, imita a nuestros propios neurotransmisores opiáceos cerebrales.
De esta manera, la morfina afecta la transmisión del dolor en la médula espinal. Una persona bajo los efectos de la morfina puede correr un maratón sin entrenamiento; o puede fracturarse un hueso y sentir algo de dolor pero sin alterarse. El uso de los derivados del opio es frecuente en la práctica médica; estos medicamentos son controlados y se corre el riesgo de causar dependencia y adicción. En el caso de la dependencia, el paciente sufre de los síntomas de la abstinencia como nausea, angustia, temblores y sudor; pero pueden evitarse con la disminución gradual de la dosis.
En el caso de adicción, los síntomas son más intensos y las personas son incapaces de reducir el consumo de morfina  y tienen una necesidad irrefrenable de la droga. Cuando las personas con dolor crónico intenso empiezan a utilizar estos derivados opiáceos, su organismo se “acostumbra” poco a poco a sus efectos; por eso estos pacientes pueden emplear grandes dosis sin afectar el centro respiratorio.
En cambio, cuando el consumidor nuevo emplea dosis alta o sobredosis de morfina, puede ocurrir paro respiratorio y sobrevenir la muerte.  El problema con los opiáceos es la facilidad con la que se abusa de ellos; un ejemplo, el OxyContin una droga opiácea que se liberaba paulatinamente y aliviaba el dolor; su abuso esclavizó a un gran número de enfermos. Gran polémica causó en los Estados Unidos el uso de los opiáceos; los médicos encargados de recetar estos fármacos estuvieron en la mira de la DEA - agencia antidrogas-  alegando que los médicos estaban promoviendo la adicción a la droga.
Cualquier persona que finja un dolor, puede engañar al médico y obtener una receta. El opio y sus derivados, como la morfina, hoy se han perfeccionado, son mucho más potentes y controlables. Una gran cantidad de pacientes se benefician diario con su uso principalmente intrahospitalario. Las plantas son las que han permitido descubrir sustancias analgésicas y calmantes. El opio extraído de la amapola, la coca proveniente de la planta de coca, el cannabis-marihuana y el ácido  salicilico- parecido a la asipirina- en la corteza del sauce. Sin embargo, ninguno supera al opio. El opio es la sustancia medicinal más antigua; empleado por sacerdotes, chamanes en ritos y celebraciones sagradas. Hoy es empleado por los médicos para aliviar el dolor y provocar una sensación de bienestar. Por eso al opio se le conoce como la planta de la felicidad “la llave del paraíso”.


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