VADEMECUM

La enfermedad no se ve, pero se oye

Cuando Tolstoi narró la muerte de Iván Illich; hizo una descripción antigua de la enfermedad, pero a la vez describió la muerte como siempre vigente. Iván, un burócrata o tecnócrata contemporáneo, era un hombre que llevaba una vida aburridísima y sin contratiempos. Fue un hombre que había ascendido en la escala social y laboral, tenía prácticamente su vida resuelta, hasta su esposa, la eternamente inconforme, se había por fin adaptado a un estilo de vida de “la alta sociedad”.  Su casa recién remodelada le permitía comodidades antes impensables. Por eso, cuando Tolstoi describe cómo Iván en su tiempo libre se da el lujo de subir a una escalera para arreglar unas cortinas, es ahí donde el “ascenso” se ve truncado, por el relámpago del dolor en un costado de Iván. A partir de ahí su dolor le acompañará por siempre y le quitará la vida. Iván acudió con su médico de cabecera para investigar sobre el origen de ese dolor; su médico lo diagnosticó como un malestar apendicular y cierta afectación renal; pero el dolor no desaparecía a pesar de los remedios; luego mandó llamar a médicos con una mayor fama y reputación; todos coincidían en algo : El dolor era pasajero y no causaría mayores problemas. Iván seguía preguntando ¿Por qué me duele?, si el dolor no es cosa seria, entonces por qué no desaparece, por qué el dolor vive en mi? Continuamente el dolor lo humillaba, no respetaba su nueva clase social, ni mucho menos su alta esfera laboral; cuando se encontraba resolviendo asuntos  burocráticos “importantes” el dolor lo amagaba, para luego zarandearlo impunemente frente a todos, lo hacía vomitar, palidecer, lo inclinaba, brotando lágrimas de sus ojos, interrumpía su trabajo ante la mirada de lástima de sus subalternos.El dolor se apropió de la vida de Iván, era el dolor quien dictaba y daba las órdenes, el dolor decidía si Iván podía o no ir a trabajar, decidía qué es lo que podía comer, cuándo dormir, el dolor regia la alegría o tristeza de Iván Illich. Ningún médico logró precisar la causa del dolor, era una enfermedad que no podía verse, pero que se oía claramente cuando lloraba y gritaba del dolor. Más tarde finalmente se convenció de que ese dolor no era cualquier cosa, ese dolor punzante e impredecible era, aunque los demás lo negaran, justamente la Muerte. La muerte- el dolor- lo apabullaba diariamente, lo mermaba y desgastaba, hasta que su aspecto fue de “un muerto en vida”. Lo tumbó en cama, tuvo que ser asistido para sus necesidades como comer, aseo, baño, excretas y caminar. Fue ignorado, desplazado por sus familiares y amigos, quienes pensaban por dentro que era una lástima su sufrimiento; lo mejor sería que dejara de existir. Así murió Iván Illich sin saber de dónde provenía el dolor, pero con la certeza de que el dolor le arrebataría la vida sin ninguna compasión. Iván no podía creer que eso le sucediera a Él, cuando menos lo esperaba en la cúspide del “éxito” social y profesional, el dolor lo habitó, se apoderó de el y de su vida, para después quitársela. 


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