VADEMECUM

La sed de las emociones fuertes

La sensación de comunicarse con los dioses y establecer contacto directo, seguramente es una de las experiencias más significativas para cualquier ser humano. Desde siempre el hombre ha intentado conectarse con Dios de diferente manera, con la oración, la música, meditación, uso de drogas y brebajes, el ayuno y la flagelación, etc. Tradicionalmente se ha pronunciado que el hombre tendrá que “depositar su corazón” para poder establecer un vínculo con Dios. Es el corazón el responsable de esos sentimientos y experiencias místicas. Sin embargo,los neurofisiólogos contemporáneos han demostrado algunos cambios en el cerebro al momento de que los seres humanos experimentan esos momentos místicos. Los cambios suceden en particular en el lóbulo temporal del cerebro, específicamente en el área límbica. Los rastreos o mapeos cerebrales realizados en sacerdotes o monjes tibetanos han mostrado que en ellos el área límbica se encuentra más desarrollada, y que cuando se encuentran en franca meditación o éxtasis el área limbica se encuentra más activada o “encendida”.En la mitología griega se cuenta que los titanes capturaron al niño Dioniso, lo despedazaron, lo asaron y se lo comieron; Dioniso era hijo de Zeus y de mujer terrenal; al enterarse Zeus de este acto de canibalismo, fulminó a los titanes; se cree que del humo de donde asaron a Dioniso surgió la especie humana. Dioniso representó para los antiguos la parte carnal, el desenfreno, la fiesta , la fertilidad y el vino; también representaba la parte divina del ser humano. ¿Podría ser este resto divino dionisiaco la estructura del sistema límbico , que activándolo hace posible la sensación de trascendencia y conexión con Dios?Con el tiempo este culto a Dioniso como el placer y la fiesta fueron reprimidos y suplantados por Apolo. El culto apolineo representa la razón y moderación. Con el tiempo la sensación dionisiaca fue denominada como el inconciente- sistema limbico- y la parte apolinea  como el consiente o la razón. Con la evolución del hombre fue reprimiendo el sistema limbico  y lo “guardó” en el inconsciente; mientras que la moderación y la razón hicieron desarrollar aun más la corteza cerebral o la conciencia. Para C. Jung el sistema limbico o el inconsciente existe, y no desaparece aunque escondamos la cabeza bajo la tierra como el avestruz. El hombre ha intentado sustituir al inconsciente con otras cosas como la cultura, la actividad física extrema y el exceso de trabajo o emociones fuertes que produzcan endorfinas. Entoces tendriamos que reconformar al hombre y a la mujer completos, manteniendo ambas partes en equilibro: El consiente y el inconsciente. De tal forma que el ser humano deje de ser victimizado por el progreso, la cultura y la sed de las emociones fuertes.  


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