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La caída del pene

En el año 1140 las leyes canónicas declaraban que la impotencia era motivo suficiente para disolver un matrimonio. La esposa tenía libertad para volver a casarse. Por aquella época medieval, los maridos eran sometidos a una prueba donde una mujer intentaba seducir al marido y provocarle una erección. La prueba se hacía en presencia de la esposa y un sacerdote. Si no había erección, los tribunales eclesiásticos dictaban la sentencia: “Nulidad por impotencia”.

La Iglesia antigua, en general, satanizó la sexualidad y, en particular, al pene. Consideraban el coito como algo demoniaco. Sólo aceptaban la copulación con fines de tener hijos. Pasaron cientos de años hasta que un neurólogo se hizo famoso por borrar la visión del pene como una “herramienta del diablo”. Se trata de un médico aficionado a la cocaína, Sigmund Freud, que en 1920, achacaba la impotencia al miedo de los hombres a ser castrados.

Freud veía a la disfunción eréctil como una neurosis no resuelta, en donde el adulto aún teme ser castrado por su padre, como venganza por desear a la madre. Más tarde, el movimiento feminista rompió lo que se había escrito sobre el pene: “Ni demoniaco ni psicológico”.

En los años sesenta la liberación femenina proclamó al pene como una herramienta de “poder y opresión”. Con ello politizó al pene, criticó el culto al pene. Las feministas de hueso colorado derribaron al pene, y en su lugar encumbraron al clítoris. Tiempo después, las cosas volvieron a cambiar. En 1973, los doctores Hernan y Carrion, de Miami, inventaron el primer dispositivo sintético de acrílico para dar rigidez al pene. Más tarde surgiría la bomba inflable.

Pero había un grupo de pacientes distintos, los diabéticos, en ellos, la dificultad para la erección era notable. El problema se detectó en los cuerpos -vasos sanguíneos- cavernosos del pene. En octubre de 1982 dos médicos Virag y Brindley, probaron e inyectaron una sustancia llamada papaverina y fenoxibenzamina, ambas “llenaban” de sangre el pene y lo mantenían erecto.

En años recientes, se aprobó en medicina el uso del Caverject para remediar la impotencia. El Caverject se inyecta en el pene, pero también existe una presentación en gel o crema que inicia la erección en 15 minutos y la mantiene durante seis horas. Estos fármacos fueron ampliamente utilizados en Hollywood, artistas y productores los usaban al por mayor. Sin embargo, la explosión farmacológica que elevó al pene fue la aparición del Viagra en 1998.

La marca Pfizer popularizó el Viagra y puso al pene en la cabeza y en boca de todos. Ya nadie se ruborizaba al hablar del pene. Otros emplearon la testosterona combinándola con Viagra o Cialis y Levitra. Millones de pacientes se sintieron aliviados. La erección abandonó el terreno religioso, se apartó del diván de los psicólogos para colocarse en un pedestal biológico.


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