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Transplante cerebral

La enfermedad de Parkinson se caracteriza por que las neuronas no producen adecuadamente una sustancia o neurotrasmisor llamado Dopamina. Estas células productoras de dopamina se encuentran en el interior del cerebro, en un área que al microscopio se ve moteada de negro, por eso se le conoce como sustancia negra.

La ausencia de dopamina produce trastornos en la movilidad de los pacientes. Hace 30 años se pensó que si estas neuronas muertas ya habían dejado de producir dopamina, entonces habría que sustituirlas.

Así en 1987 un médico mexicano, el Dr. Madrazo, del Centro Médico Nacional la Raza, publicó un artículo en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine, en donde trasplantaba tejido de las glándulas suprarrenales a su propio cerebro, en pacientes con Parkinson. 

En un inicio, los resultados parecían espectaculares; pero luego los pacientes  no mejoraron y la metodología del trabajo era imperfecta. Aun así el trasplante se realizó en cerca de 200 pacientes durante dos años. Todavía recuerdo la visita a México de Cassius Clay - Muhammad Ali-  considerado el boxeador más grande del mundo, en los años 80´s; Ali apenas empezaba con el Parkinson, su rostro se acartonaba, y no era fácil entenderlo cuando hablaba, ya no era “la mariposa que picaba como abeja sobre el ring”, sus movimientos eran torpes.

El púgil no fue trasplantado. Cuando se realizó la autopsia del 20% de los pacientes trasplantados se observó que el tejido de glándula suprarrenal no había sobrevivido, solo había tejido cicatrizal.

Aun así, luego de estos resultados para el año de 1988 se empezó a trasplantar tejido cerebral fetal, el tejido procedía de los embriones de madres que habían abortado; en los pacientes con Parkinson que habían sido trasplantados se notó cierta mejoría inicial, pero posteriormente continuaron igual que antes de trasplantados.

Hoy en día hay grandes esperanzas sobre el uso de células madre para el manejo de los enfermos con Parkinson; sin embargo, uno de los principales problemas con el empleo de estas células madre es la dificultad para convertirlas específicamente en neuronas productoras de dopamina.

El riesgo de desarrollar un tumor cerebral luego de trasplantar células madre está presente. Por ahora los pacientes continúan tratándose con fármacos que incrementan la producción de dopamina; aunque sabemos que tienen efectos colaterales y no se curan totalmente. Así pues, el trasplante cerebral todavía no es seguro ni convincente. 


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