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La Salud de Peña Nieto

Hasta hace algunas décadas, la salud de los mandatarios de cada país se mantenía en secreto; el pueblo debería tener una buena y saludable imagen de su “Maximo Representante”. La salud de los presidentes es, a la vez, la imagen del pueblo al que representan.

Por eso tradicionalmente se ha intentado mostrar a los presidentes con su “mejor cara”; parecen por momentos incansables y siempre con una sonrisa a flor de piel. Sin embargo, no existe en el mundo ninguna persona totalmente sana física y mentalmente. Uno de los dictadores más crueles: Stalin, era robusto, sufría de paranoia y murió finalmente de una embolia cerebral; sus médicos tratantes tardaron tres días en notificar su deceso.

Ronald Reagan, uno de los presidentes más viejos a la hora de asumir el poder, tuvo que lidiar contra el Alzheimer durante toda su administración. Finalmente lo reconoció públicamente y dijo: “Soy uno de los millones de pacientes que han empezado a perder la memoria”; después de eso el Alzheimer lo enclaustró y postró inerte, como un recién nacido, en su cama hasta morir.

El alcoholismo del líder ruso Boris Yeltsin era notable. Todos los mandatarios prefieren ocultar las enfermedades que pudieran afectar la toma de decisiones en las riendas de una nación. Por eso se muestran sumamente sanos ante el público; son frecuentes las imágenes de Barak Obama realizando ejercicio y bajando las escaleras del avión presidencial con agilidad y maestría; tiene cuidado de mantener la “linea”, su cuerpo es esbelto y el abdomen plano; también las primeras damas se ajustan a estos criterios sanitarios. Porque el estar “en su peso” es estar sano y estar sano significa: “Poder Gobernar”.

La competencia es ruda entre las naciones. El político ruso Vladimir Putin, karateka y ex agente de la KGB, ocupó el Kremlin como un hombre fuerte y firme. El expresidente Calderón se vio envuelto en una controversia sobre alcoholismo que pudiera afectar su mandato.

Este fin de semana el presidente Peña Nieto, quien se había mostrado sano, esbelto y jovial,  sufrió en la madrugada un ataque de dolor abdominal agudo, súbito e intenso; sus médicos le diagnosticaron un cuadro de colecistitis aguda que fue resuelto en un Hospital Militar; a través de cirugía laparoscópica la vesícula fue extraída sin complicaciones; aun así sus representantes tuvieron que salir al frente para explicar la razón del por qué el Presidente tuvo que cancelar compromisos.

La nota fue: “El Sr. Presidente fue operado sin complicaciones, se recuperará en un par de días y podrá regresar a sus funciones con normalidad”.

El mensaje es claro: Que nadie se mueva, ¡el gobernante aun puede mandar bien! Sin embargo el tiempo y la enfermedad están al acecho de cualquier ser humano y ningún presidente, bueno o malo, es  la excepción. 


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