VADEMECUM

Navidad en un hospital

La gente no quiere pasar la Navidad en un hospital; esto demuestra la aversión de las personas por los hospitales. Existen personas que prefieren morir en un hospital, pero nadie quiere estar enfermo en Navidad y mucho menos dentro de un nosocomio. Por esta razón el número de pacientes que acuden a Urgencias  disminuye notablemente, ante el temor de quedar “internados”. En los hospitales existen adornos navideños: pinos y nacimientos, pero suelen ser fríos y desan-gelados. Muchos enfermos están en ayuno, así es que difícilmente degustarán algún alimento navideño. La mayoría están obligados a permanecer en cama y las visitas de familiares son limi-tadas y restringidas. Los médicos y enfermeras presurosos anhelan estar en casa. Los pacientes sólo observan silenciosamente. No cabe duda, nadie quiere pasar la Navidad en un hospital aun-que este sea lujoso; es preferible la Navidad en el hogar, aunque sea humilde. La situación de los niños internados también es incómoda y un poco triste. Durante el día el ajetreo y festejo al interior del hospital es intenso, pero poco a poco va disminuyendo al caer la noche. Por la mañana un santa claus visita todos los pisos y reparte algunos regalos, los pacientes se retratan, los niños son los que más solicitan la foto y sonríen. No es fácil pasar la Navidad en un hospital laborando, mucho menos como paciente. Sin embargo hay algo en los enfermos y familiares que les permite estar “más allá de esta situación”; es la Fe y la Esperanza, porque es ahí en las entrañas de un hospital donde esa fe y esperanza crecen y alimentan, es ahí donde se ponen a prueba. Por eso los familiares de un enfermo, se trasladan y superan la estancia, se nota en su rostro como los familiares y pacientes están en “otra dimensión” , es como si estuvieran hipnotizados, caminan por los pasillos como sonámbulos cargados de Fe y esperanza en la curación de sus enfermos. Su espacio mental está vacío de obsequios y regalos, ahí no hay cena ni alimentos, música ni luces; en los enfermos y familiares desborda la paz y el anhelo de recuperar la salud perdida. En las madres una espera tranquila y piadosa reina en sus pechos por ver a sus hijos retoñar en salud. Nadie pide más que la curación del enfermo que está a su lado encamado; es justo dentro de un hospital donde lo material de desvanece y florece la espiritualidad; es ahí donde se aprecia en su verdadera magnitud el mejor regalo: La Vida. Las familias se fortalecen y se vuelven a reunir, la enfermedad y el riesgo de morir son los principales motivos de reencuentro familiar. Tal vez sea cierto que nadie quiere pasar la Navidad en un hospital, pero también es cierto que en los hospitales es donde quizá se encuentre la mayor dosis de fe y espiritualidad genuina. 


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