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Mirar el cerebro

Durante miles de años se subestimó al cerebro como un órgano importante; el corazón fue para las civilizaciones antiguas el protagonista de todo lo que acontecía a una persona. Sin embargo, ese órgano gris, sin forma, frío y “feo”, en las últimas décadas ha dado mucho de qué hablar. En primer lugar, al cerebro se le hizo responsable de nuestros pensamientos y de la conciencia. Es decir, el reconocerse como un “Yo” y los otros es lo que comúnmente reconocemos como conciencia.

Sin embargo una cosa es que nuestra mente y pensamientos radican en el cerebro, y otra cosa es saber cómo le hace el cerebro para pensar y ser consciente de sí mismo. Mucho de lo que sabemos hoy en día de la función cerebral lo conocemos a base de “errores” o accidentes. Por ejemplo, cuando a un paciente que sufría convulsiones se le extirpó el hipocampo cerebral, desaparecieron las convulsiones junto con su memoria. O bien, cuando se extirparon los tumores en la parte frontal del cerebro, luego se percataron que los pacientes sufrían cambios de la personalidad. Definitivamente no es posible estudiar el cerebro dañándolo para ver qué sucede después.

A la par, se ha intentado explorar al cerebro para saber cómo piensa. Las neuronas platican entre ellas por medio de neurotransmisores y corriente eléctrica que ellas mismas activan y perpetúan. Desde luego se trata de microvoltios, una millonésima de un voltio. El psiquiatra Hans Berger, en 1929 logró escuchar a las neuronas, colocando electrodos en la cabeza de los pacientes y amplificando las señales eléctricas.

Así surgió el electroencefalograma. Pero este estudio sólo muestra la actividad eléctrica del cerebro cuando está despierto o dormido o cuando convulsiona. Registra diferentes tipos de onda; por supuesto mientras el cerebro está despierto con los ojos abiertos, el registro de ondas parece una sinfónica de “juegos artificiales”. El cerebro, mientras está vivo, mantiene un registro de actividad eléctrica. Eso es todo lo que sabemos en general. Hasta hoy no hay manera, ni existe ningún aparato que nos muestre los procesos del pensamiento y la conciencia. No hay y tal vez nunca exista un ¡espejo cerebral!. 


Facebook: Dr. Oscar Hernández García