VADEMECUM

“Locura encadenada”

Willis y Whytt propagaron la idea de que los “espíritus animales” se trasladaban por el interior de los nervios, a través  de una delicada red de tubos o fibras que formaban el sistema nervioso. Esta idea, inofensiva en apariencia, dio lugar a un sin fin de remedios para tratar las enfermedades “de los nervios”.

La locura fue considerada una enfermedad que tenía que ver con los “nervios” y para ello se recetaron sangrías y purgas, se provocaba el vómito y el sudor con el fin de ofrecer una salida a esos espíritus animales nocivos que estaban en posesión del enfermo.

El fenómeno de la posesión diabólica ubicaba al enfermo en el terreno religioso y por lo tanto se propuso como remedio el ayuno y arrepentimiento para aquellos  pecadores que habían perdido la razón ante el temor del infierno.

Pero los trastornos severos del “entendimiento” no mejoraban ni con sangrías ni con arrepentimiento; y para ellos se reservó el uso de cadenas y confinamiento; se mantenía al enfermo encadenado o atado a una silla y únicamente se alimentaba. 

El dilema persistió durante siglos, y tuvo mucho que ver con la creencia dualista de que el ser humano está formado por espíritu y materia. Entonces habría que ver qué era lo que estaba mal en la locura, el espíritu o el cuerpo. Fue Descartes quien marcó la pauta con su frase: “Cogito ergo sum” (Pienso, luego existo).

Así la mente estaba en el cerebro y por lo tanto la locura tenía su origen en el cuerpo, territorio natural del médico; y dejó fuera la religión.

Aun así persistieron los cristianos evangélicos  y, en particular, los fundadores del metodismo protestante Wesley y Whitefield; La batalla entre Dios y las tentaciones del Malvado por hacerse del alma del individuo, es la causa de la locura.

Es el espíritu y no el cuerpo, el origen de las enfermedades de la mente y para ello no hay mejor remedio que la oración y el ayuno. Desde luego que existieron grados de “enfermos de los nervios”; para los más rebeldes y sin respuesta, se crearon las casas de confinamiento; era ahí donde los familiares llevaban a su enfermo que ya no querían ni podían cuidar. Así nació el “negocio de la locura”, en el estaban inmersos religiosos, médicos y especuladores o cualquiera que quisiera entrar en el negocio. Fue un misterio lo que sucedía tras las paredes de estas casas improvisadas que dieron lugar a los manicomios.

En estas mansiones se encarcelaron a los lunáticos incontrolables. Hoy casi no hay manicomios, ni sillas tranquilizadoras, ya no hay cadenas ni electro-choques para estos enfermos. Pero el “negocio de la locura” persiste, se han inventado fármacos antipsicóticos que tranquilizan a estos pacientes y permiten un mejor manejo.

Locos poseídos por el demonio fueron quemados por la iglesia; pero también “La locura encadenada” es parte de la historia de lo que hoy conocemos como esquizofrenia y  psiquiatría. 


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