VADEMECUM

La Biologia de Star-Wars.

Luego de casi treinta años, aparece la última versión hasta hoy de la Guerra de las Galaxias. Los que crecimos con la imagen de la la “Luz” del bien y el lado “Oscuro del mal”; asistimos intrigados y movidos por la curiosidad del paso del tiempo intergaláctico.  El poder destructor del fuego perduró tal y como lo ha hecho desde su aparición en la Tierra.

El deseo de los seres humanos por leer la mente, se ve consumado en el papel del hijo de Han Solo; también la “caballera” Rey descubre que posee ese poder. Ambos personajes  han desarrollado la telequinesia; y hacen gala de ello atrayendo sus espadas  luminosas desde el suelo hasta sus manos.

La telequinesia y el poder de leer la mente se encuentran en estos personajes que representan el bien y el mal; la diferencia radica en el uso que cada uno le da a estos talentos.  

Sin embargo, a pesar de que estos seres interplanetarios han evolucionado, todavía quedan algunas huellas vivientes del pasado; o mejor dicho funcionales.

Como la echada a andar nuevamente de la nave imperial, que la verdad ya se veía muy maltrecha.

Pero fue el factor edad lo que mostró su falta de control y de dominio; la saga fílmica nada pudo hacer contra los estragos del paso del tiempo; la ciencia espacial  mostró la reaparición de una princesa Leia y un Han Solo deteriorados biológicamente, como era de esperarse para una cinta común y corriente, pero de ninguna manera para una película de ficción y vanguardista; para decirlo más claramente, nada pudo hacer George Lucas y Disney contra el paso del tiempo y los efectos del envejecimiento.

La ciencia avanza pero no tan rápido. El mal no respeta parentescos, por eso, en un acto parricida, Han Solo es asesinado por su propio hijo, que lo atraviesa con la luz de su sable incandescente para luego, sin el menor grito de dolor, caer en un abismo.  

El mal dominaba el universo en ese momento, y era representado por la “Orden Suprema”, un ser gigantesco y omnipresente; que trata de evitar la búsqueda del bien, encarnada por el desaparecido celestial, el mismísimo Luke Skywalker;  de aquel encantador héroe de las estrellas - joven, rubio y guapo- ya nada queda; en vez de eso reaparece en escena un tipo avejentado, canoso y mutilado; al transcurrir del tiempo es imposible hacer algún reclamo.

Sin embargo, donde de verdad es imposible detener las quejas, es que aun con tanta tecnología biomédica interespacial, Luke Skywalker no haya podido ocultar la obesidad; haciendo gala de una  manera magistralmente cinematográfica de una “pancita cervecera” envuelta en un pálido atuendo monacal.

Es una lástima  que ni los Jedi con toda “la fuerza que los acompaña” puedan hacer algo contra  el “lado oscuro” y sus estragos: La vejez y la gordura intergalácticas.


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