VADEMECUM

Bilis negra y cáncer

Todas las enfermedades requieren un nombre para distinguirlas; algunas de ellas llevan el nombre de su primer descubridor como Parkinson o la enfermedad de Alzheimer. Otras adquieren el nombre por la aparición de un signo o síntoma que las describe categóricamente, como Lupus eritematoso, que hace referencia a el aspecto rojizo que da la apariencia de lobo en el rostro de las pacientes. En el caso del cáncer, fue Hipócrates (400 a.C.) quien llamó “karkinos” a todos los tumores del cuerpo, que significa en griego: cangrejo, porque los tumores cancerígenos se parecen a los cangrejos: “son duros, fríos, rojizos, y cuando atacan producen un gran dolor, además se deslizan por debajo de la piel, tal y como lo hacen los cangrejos, ocultándose por debajo de la arena”.

Según Hipócrates, el cuerpo humano estaba regulado por cuatro humores: sangre, bilis amarilla, flema y bilis negra. Fue otro padre de la medicina, el célebre Galeno (160 d.C.) quien dijo que la bilis negra era responsable del cáncer; “ese líquido horrible que perturba el equilibrio del cuerpo”.

Es obvio que en aquellos años no existían microscopios ni tomógrafos que pudieran decir otra cosa. De hecho, para los griegos antiguos, lo mejor era tratar de contener la bilis negra; porque cuando se extiende y derrama por el cuerpo, sobreviene la muerte. Por eso la cirugía en aquellos años estaba totalmente prohibida como tratamiento para los tumores. Para estos médicos todos los tumores o masas representaban cáncer; al no contar con microscopio para poder observar las células, todas las masas significaban cáncer. Esta teoría perduró por casi 500 años.

Andreas Vesalio, en el año de 1533, era un estudiante de medicina interesado en la anatomía. Admiraba profundamente a Galeno; y con gran esfuerzo clandestino se las ingeniaba para conseguir cadáveres. Fue Vesalio quien describió con precisión la red de arterias y venas corporales. Las arterias y venas trasportaban sangre, el hígado producía la bilis amarilla; pero por más que buscó y diseccionó los cuerpos, no pudo encontrar la bilis negra. La bilis negra fue una fantasía que inventaron Hipócrates y Galeno. Así fue como Vesalio demostró que la bilis negra no existía; con ello se vino abajo la teoría que había deslumbrado a miles de médicos durante siglos. La bilis negra fue un espejismo que nada tenía que ver con el origen del cáncer.


vademecum_64@yahoo.com