Comunicación en línea

Mucho más que una película

Aunque ya se ha hablado, escrito y criticado mucho en términos cinematográficos sobre la película “No se aceptan devoluciones”, llama la atención que en algunas escuelas en determinados grados académicos estén dejando de tarea a los alumnos analizar este filme para sus clases de valores, lo cual me hace pensar que la problemática de la trama es un tema de profundo interés social.

Más allá del aspecto semiótico y de los mensajes que narran la condición humana, el tema de los miedos, la vida existencial que es abordada en esta producción y el drama propio de la película, amén de que se desarrolla en los Estados Unidos, vale la pena reflexionar y analizar cómo está actualmente México en cultura de paternidad responsable, su marco legal y el cumplimiento a los verdaderos derechos de los menores.

Si bien es cierto que en materia legislativa cada vez hay más interés en los representantes de elección popular para proteger los derechos de los menores, de sus madres y de sus condiciones, así como la responsabilidad de los padres, habría que hacer un recorrido por diversos juzgados de lo familiar en todo el país para tener una mejor impresión de esta complicada problemática que vive México, entre niños abandonados, infantes dados en adopción, hijos no reconocidos, disputas de convivencia, cobranzas de pensiones alimentarias y toda la gama de expedientes que podrían caber en este rubro.

En este sentido, una triste realidad vivimos los mexicanos, mucho más cruda que lo que a algunos pudiera haberles parecido la producción de Eugenio Derbez, con juzgados llenos de abogados lucrando con el dolor y la necesidad familiar, funcionarios públicos y burócratas insensibles que archivan expedientes y convierten asuntos que en ocasiones pueden ser de vital importancia para los involucrados, en auténticos viacrucis que demoran resoluciones que deberían ser simples y expeditas.

Si el espíritu de la ley en asuntos de esta naturaleza en todo momento hace que el estado tenga la obligación de proteger los derechos de los menores, lo que termina sucediendo en los juzgados es que los litigios se conviertan en verdaderos motivos de encono, resentimientos y pleitos que terminan afectando más aún los intereses y el estado emocional de los infantes.

Además a ello le tenemos que agregar todos aquellos casos que ni siquiera llegan a los juzgados y se disputan en el seno de las diferencias de padre y madre que hacen de sus hijos rehenes de sus más grandes disputas y resentimientos.

Todos quienes de una u otra forma tienen participación en este tipo de casos, que deberían ser resueltos desde el amor incondicional, tendrían además que estar pensando en función del bienestar real de los menores, predicar el precepto que establece que “más vale un mal arreglo que un buen pleito”, si al final con ello se garantizarán los cimientos sociales donde crecerán esos pequeños en disputa.