Comunicación en línea

Un gran legado para la humanidad

El próximo 24 de enero se cumplen 43 años del fallecimiento de William Grifith Wilson, uno de esos hombres anónimos que revolucionó al mundo y que en la actualidad sigue vigente en diferentes programas de autoayuda que han adoptado el programa de 12 pasos de alcohólicos anónimos para diferentes padecimientos.
Bill W. como se le conoce en el mundo de los anónimos, cofundador de AA, murió a los 75 años, con 36 de sobriedad que no lo libraron de tener episodios compulsivos y depresivos en otros aspectos de su vida, la cual dedicó a servir a los demás por lo que la revista en 1999 le brindó un homenaje al considerarlo dentro de los 20 héroes del siglo.
Actualmente, no sólo los miembros tradicionales de alcohólicos anónimos siguen el programa de los 12 pasos, del cual Bill W fue pieza clave, sino que muchas clínicas de recuperación de diversos desórdenes de origen emocional, lo han adaptado y existen también grupos de autoayuda para neuróticos, comedores compulsivos, codependientes, ludópatas, narcóticos, fumadores y familiares de alcohólicos, entre otros.
La vida de Bill W. como la de millones de alcohólicos o enfermos emocionales con trastornos compulsivos y obsesivos, pasa de ser una persona que abrazó éxito material y personal, sobresaliendo en el área de su competencia y que posteriormente en sus conductas “ingobernables” paulatinamente fueron perdiendo todo y quedaron atrapados en las cadenas del alcohol (tabaco, juego, drogas, depresión, etc) hasta tocar un fondo de sufrimiento que los hizo reaccionar y buscar una solución.
Aunque los grupos de autoayuda no son religiosos y se respetan todo tipo de creencias, incluso la de quienes son agnósticos o ateos, luego de tocar ese fondo de sufrimiento como lo fue la vida misma de Bill W. los creadores del programa llegaron al convencimiento de que sólo un despertar espiritual que en términos llanos se traduciría como la alegría de vivir, en el aquí y el ahora, podría ser la solución para abandonar su dependencia malsana y cambiar radicalmente su forma de vida.
El programa sugiere primero la admisión del padecimiento, el convencimiento de que sólo un poder superior es la solución, la catarsis y el inventario de la personalidad, el restablecimiento de las relaciones interpersonales, de la relación con Dios como cada quien lo conciba, de la relación con sí mismos y del trabajo con otros enfermos similares para garantizar la recuperación del problema por un día a la vez.
Así, la historia de un exitoso corredor de bolsa que se entregó al alcohol en la debacle de Wall Street y de cómo pudo superarse de la adicción a la bebida, la vida de Bill W. es hoy uno de los grandes legados a la humanidad que cada vez pierde más el sentido de vida y está urgida de reencontrarse consigo misma.