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El arranque verdadero


Al concluir el primer año del nuevo gobierno de la República, calificado con opiniones favorables o desfavorables, dependiendo del cristal con que se mira, en lo que la mayoría coinciden es que ahora vendrá el tiempo del arranque verdadero, en el que Enrique Peña Nieto tendrá la posibilidad de consolidar o no, su proyecto de nación que ofreció en las elecciones del 2012.
Más de un funcionario de alto nivel del actual régimen ha revelado que en realidad el primer año de gobierno ha sido un año de transición, trabajando prácticamente con el 80 por ciento de la estructura heredada por el equipo de Felipe Calderón, a quienes les han respetado sus posiciones y en quienes se han apoyado en los primeros 365 días de gestión, por una parte para darle continuidad a algunos proyectos y programas, por otro lado para garantizar la institucionalidad del relevo y finalmente, hay quien opina, para cumplir acuerdos con el último presidente emanado del PAN y estabilizar con ello el cambio de partidos en el poder.
En muchos casos, mencionan, el cambio estructural de algunas áreas fue dado sólo a nivel de secretarios y subsecretarios o similares, haciendo equipo con los mandos medios y superiores heredados del calderonismo, así como con la gran estructura burocrática de base y de confianza que ha servido a las diversas instituciones en la última década.
Un dato que podría ejemplificar muy bien lo que ha pasado el primer año de gobierno, es el de un secretario de estado que no pudo contratar a su secretario particular en la estructura formal y tuvo que abrirle un espacio informal, en espera del banderazo de salida desde la máxima cúpula de Los Pinos para concretar el relevo total del régimen, esperado para inicios de 2014, en el que habrán de predominar en los organigramas finalmente los priistas y los del verde ecologista.
Esto quiere decir en palabras de algunos, que el año de transición pactado o no con las cúpulas del PAN, ha concluido y con ello se espera el relevo de colores partidistas en la pirámide gubernamental en las próximas semanas.
Finalmente, más allá de opiniones a favor o en contra del primer año de Peña Nieto, en este periodo ha quedado clara la vocación conciliadora del presidente de México, haciendo acuerdos formales o informales con las diferentes esferas de poder en el país para sentar las bases que el mandatario ha estimado requiere su régimen para poder desarrollar su proyecto de nación.
Será pues el segundo año de gobierno, el verdadero arranque del régimen PRI-Verde, por lo que dentro de 365 días tendremos una idea más clara si el cambio de partidos ha sido positivo o no para nuestro México.