Comunicación en línea

El alcoholismo mata

A menos de cuatro meses de que Monterrey fuera sede de una lamentable nota nacional del atropello de un contingente de ciclistas por un presunto conductor ebrio, este pasado domingo el titular principal de Milenio en aquella ciudad decía: Tránsito ebrio de San Pedro atropella a ciclistas en Santa Catarina.

Estuve el fin de semana en la sultana del norte y el sábado comencé a ver cómo las redes sociales se llenaban de indignación por este lamentable hecho en el que un oficial de tránsito, que por cierto ya fue dado de baja de la corporación pese a estar fuera de turno, arrolló a un grupo de ciclistas arrojando como saldo una deportista muerta en el hospital como resultado de los golpes del accidente provocado por aparente exceso de velocidad, falta de precaución y estado de intoxicación.

Paradojas de la vida como lo sucedido el 31 de mayo pasado también en esa ciudad, en episodios similares mientras un grupo de deportistas que practican una vida saludable, son atropellados y se causa la muerte de algunos de sus integrantes, por la embriaguez de algún conductor irresponsable.

¿Cuántas vidas más en Monterrey o en cualquier otra ciudad del país deben perderse para que las autoridades tomen medidas serias, no sólo en materia de vialidad y respeto al tránsito de quienes se activan físicamente en exteriores, sino del grave problema que tiene México en materia de alcoholismo y adicciones.

Algunas de las definiciones de alcoholismo como las que se rezan en los grupos de autoayuda, establecen que es una enfermedad incurable, progresiva y mortal o causante de muerte de quien la padece o de quien pueda ser víctima de alguien en estado intoxicado, mientras que los esquemas médicos claramente indican que este asunto de salud pública requiere cada vez más atención particularmente en materia de prevención.

Desafortunadamente las estadísticas oficiales no ayudan cuando se analiza la incidencia de adicciones en México y al menos en casos crónicos, se encuentran en ocasiones números menores que otros padecimientos por lo que los recursos que se destinan a este rubro no corresponden a una realidad si consideramos que hechos como el lamentable accidente del sábado pasado, debería ser motivo suficiente para que haya un trabajo más serio y profesional, respaldado con los medios para establecer programas preventivos más asertivos para el bien de nuestra sociedad.

Al final del día, este no es un asunto de estadísticas sino de vidas y la cruda realidad es que el alcoholismo y las adicciones matan.

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