Comunicación en línea

Paradojas de la vida

Aunque sucedió en Monterrey, su alcance en todas las redes sociales la han hecho una nota global que pudo suceder en cualquier lugar de México o del mundo y es de esas tragedias que nos obliga a reflexionar sobre lo que estamos haciendo bien y mal como sociedad.

Paradojas de la vida, un grupo de ciclistas que estaban en la rodada sabatina como parte de su estilo de vida saludable y positivo, fue embestido por un automóvil cuyo conductor iba en estado de ebriedad y jugaba carreras en la carretera nacional de Nuevo León, resultando un hombre muerto y  cuatro heridos.

Como una circunstancia y coincidencia fatal, el grupo de deportistas fueron víctimas de unos jóvenes irresponsables e inconscientes que seguramente llevan un estilo de vida negativo y sin sentido.

Y es con este tipo de notas cuando nos damos cuenta de que no hay campañas preventivas suficientes, no hay esfuerzos oficiales que valgan, ni estadísticas con representatividad, cuando la tragedia tiene nombre, apellido y rostro humano, que en este caso generó ya todo un cúmulo de muestras de luto y apoyo en redes sociales para Heleodoro Rodríguez, que simboliza para los deportistas y los ciudadanos un grito de respeto a sus derechos viales y un llamado de alerta para sanciones más fuertes a conductores ebrios.

¿Cuántos Heleodoros más debe haber en México para que reaccionemos sobre una sociedad donde el abuso y la dependencia del alcohol y otras drogas son cada vez más frecuentes y sus consecuencias fatales?

Reconocemos que hay esfuerzos, particularmente de la sociedad civil organizada, para educar y conscientizar de este problema cada vez mayor en el país y de accidentes mortales cada fin de semana, sin embargo, como país estamos muy lejos de tener una cultura de prevención asertiva que cimiente desde la infancia y genere mayores factores de protección en nuestros niños y jóvenes que pueden ser candidatos a esta enfermedad llamada adicción, alcoholismo o dependencia, como quiera que se le quiera mencionar.

El presunto homicida, conductor del vehículo, de sólo 21 años, ha marcado su vida de manera radical y así como los familiares del ciclista muerto y los heridos, habrá siempre un antes y después de este trágico accidente.

Hay mucho que hacer en leyes viales igual que en reglamentos para deportistas que usan las vías públicas, pero sobre todo hay toda una tarea para realizar en materia de prevención de adicciones y alcoholismo en donde todos debemos involucrarnos e interesarnos, ya que las estadísticas no son suficientes cuando una desgracia de esta naturaleza afecta a seres humanos que dejan de ser un número en los reportes oficiales.

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