Comunicación en línea

Males sociales mayores

En estos días en que están de moda las campañas a favor y en contra de las reformas legislativas del nuevo gobierno federal, mientras el tema de la delincuencia aunque con menor impacto mediático sigue afectando a la sociedad, valdría la pena reflexionar en que no todo lo malo del país es culpa de las instituciones públicas o de los gobernantes, mucho menos de la clase política, la raíz en gran medida es la pérdida de valores y de identidad que tenemos los mexicanos.

En este mismo espacio hace algunos meses abordamos el creciente problema de salud pública relacionado con el incremento de adicciones y alcoholismo en la sociedad, así como la participación de una población cada vez más joven en este asunto que conlleva múltiples daños colaterales, económicos, familiares, morales, escolares, productivos y médicos, entre otras repercusiones.

Una alarma pública adicional que implica la pérdida de valores y la disolución de las instituciones fundamentales es el número cada vez mayor de divorcios y desintegración familiar en la sociedad mexicana, con lo que una de las células principales de la comunidad está siendo golpeada severamente y ello repercute en cimientos sociológicos débiles y carentes de identidad.

Las estadísticas oficiales indican un crecimiento exponencial en divorcios o separaciones en México, que en los noventa no rebasaba el 5 por ciento y que ahora está por encima del 20 por ciento, lo cual significa que al menos la quinta parte de los matrimonios registrados, disuelven el contrato conyugal y desintegran el núcleo familiar tradicional, con lo que nuestro país está cambiando severamente en su conformación social y con ello consecuentemente hay un cambio drástico en la escala de valores de toda índole.

Estudios realizados señalan que las causas principales para el divorcio en México son la falta de comunicación, la infidelidad, la violencia y la economía de la pareja o de la familia, incluyendo la lucha de poderes y de supra-subordinación de un mayor número de mujeres que son responsables del sustento familiar, amén de la facilidad que en muchos casos las parejas encuentran para separarse antes de buscar alguna otra alternativa y al hecho de que en el nuevo marco social ha disminuido el estigma del o de la divorciada.

Si bien el divorcio en sí mismo en ocasiones incluso puede ser la mejor solución para la familia, que si se somete a terapia psicológica o terapéutica puede fácilmente evolucionar a su nuevo estadio aceptando las condiciones “disfuncionales” del cambio de esquema, y sobre todo en caso de que haya hijos menores, proveerlos de seguridad y aceptación, el daño social existe cuando en la disolución del matrimonio subyace también la desintegración familiar, el abandono de los hijos y la rivalidad de los excónyuges.

Estas cifras podrían ser un indicativo de que si una de las instituciones que da forma a la sociedad, pasa por una devaluación en que la gente lo ve como algo común. ¡Habría que analizarse muy bien!