Comunicación en línea

¿Guerra sucia?

Las campañas electorales para el congreso federal y para diversas posiciones estatales y locales en nueve entidades federativas, han basado gran parte de su energía en ataques y cuestionamientos que en defensa de algunos agraviados han respondido con mucha ligereza que se trata de “guerra sucia”, por lo que desde el punto de vista comunicacional, valdría la pena diferenciar este término con el de “campañas negativas” que son dos cosas completamente diferentes.

La “guerra sucia” se revierte, la “campaña negativa” bien aplicada tiene un efecto estratégico para bajarle puntos a la persona a la que va dirigida, a su partido o a sus patrocinadores.

La “guerra sucia” es difamación, mentira, calumnia, engaño e inventar cosas que al final no pueden sustentarse y termina revirtiéndose, son aquellos ataques que se basan en la filosofía de “golpe dado ni Dios lo quita” o bien “primero acusa y luego averigua”, lo cual contestado eficientemente por quien la recibe, termina fortaleciéndolo y dejando en evidencia a quien la realiza.

La “campaña negativa” es recordar la historia cuestionada o errores de la persona o del partido que la postula, reviviendo expedientes de lo que han hecho en la función pública, investigaciones periodísticas y hechos contundentes; es informar o recordar información con la finalidad de asociar el pasado al momento presente en que se está pidiendo el voto o bien, revelar nuevos archivos con sustento con el objetivo de ampliar el criterio de los electores.

Cuando el “atacado” responde que un expediente cierto y con datos duros de “campaña negativa” es “guerra sucia” y como dicen por ahí, comienza a denunciar complots o intentos por desprestigiarle, pero deja sin responder los hechos de fondo, termina enredándose y en el silencio o la desviación de la atención, confirma que los ataques a su persona son ciertos y normalmente eso le resta adeptos o simpatías de aquellos que al menos comienzan a dudar de la honorabilidad del proyecto.

La teoría del complot puede ayudarle en algunos círculos de aquellos que ya están casados con el proyecto y hacen suyo ese argumento, pero siembra duda, confunde y es difícil de sostener una defensa ante la mayor parte de los electores que descubren las realidades ocultas de quienes se han postulado como las mejores opciones para las próximas elecciones, olvidándose de que tienen muchos asuntos pendientes por aclarar.

En mi opinión, lo que estamos viviendo en el actual proceso electoral es una cruenta confrontación de “campañas negativas”, en las que como coloquialmente se dice, están saliendo los trapitos al sol de muchos de los contendientes, de sus antecesores y de sus partidos postulantes y que tendrán el reto de aclarar o dejar dudas sobre lo que se les cuestiona, con el consiguiente riesgo que esto implica en la percepción de los votantes y su derecho a estar informados y a tomar las decisiones que más les convengan de acuerdo a sus análisis.

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