La alegría de vivir

¿Y la familia?

La semana pasada comentábamos acerca de la definición y el trato que debería dársele a un enfermo de adicción, eliminando los estigmas negativos que lo acompañan desafortunadamente en la actualidad en pleno siglo XXI a más de 80 años que se encontró una solución para el alcoholismo, por lo que recibí algunas preguntas de algunos lectores sobre ¿y la familia? ¿qué pasa con los familiares?

Evidentemente la familia de un enfermo adicto sufre no solamente las consecuencias del consumo, que de por sí son muchas, sino que desarrolla un síndrome llamado codependencia y que requiere también de apoyo y tratamiento para su propia recuperación.

El término codependencia surge en los años 40 como co alcoholismo, cuando las esposas de los pioneros fundadores de los Alcohólicos Anónimos detectan que todas tienen sus emociones dañadas de igual manera, como resultado de años de estar conviviendo con un bebedor problema, por lo que crean el programa paralelo de Al-Anon para familiares afectados y que por más de 70 años se han diversificado en grupos para Familias Anónimas, Hijos Adultos de Alcohólicos y Codependientes Anónimos, entre otros.

Posteriormente se realizaron estudios de diferentes especialistas, llegando a concluir que la codependencia no solamente se da en un hogar donde ha habido abuso de sustancias, sino en aquellos que tienen algún tipo de disfuncionalidad que puede ir desde el cuidado permanente de un enfermo mental o de un enfermo crónico, lo que hace que toda la familia tenga que adaptar su vida a ello, así como en otros contextos donde hay abuso físico o psicológico, violencia, agresión y neurosis entre otras causas.

Dicho de manera simple como lo han descrito algunas autoras destacadas en esta área como Melody Beattie, Claudia Black o Pía Melody, la codependencia es el ciclo de patrones de conducta, y pensamientos disfuncionales que producen dolor y se repiten de manera compulsiva, como respuesta a una relación enferma y alienante, con un adicto activo o en una situación de toxicidad relacional.

Entre las características de los codependientes está la excesiva necesidad de aprobación externa, las emociones propias vinculadas a las de los demás (si tu sufres yo sufro), la imperiosa necesidad de cuidar de los demás descuidándose a sí mismos, una autoestima muy baja y una exagerada tendencia a hacer mucho, amar demasiado (como explica Robin Norwood en su libro “Las mujeres que aman demasiado”) y a vivir en un círculo de sacrificio-víctima-perseguidor-controlador.

Al igual que para los adictos, para los familiares también hay una solución. Algunas clínicas como Monte Fénix en México de hecho aplican un modelo sistémico que apoya no sólo al consumidor sino a toda la familia, bajo la premisa de que todo el sistema debe recuperarse para poder vivir en normalidad.

Y para aquellos familiares cuyos adictos siguen en actividad y no desean dejar la sustancia, buscar ayuda profesional para una terapia, acudir a un grupo de ayuda mutua y trabajar en la necesidad de poner límites, es el inicio de un camino de recuperación individual en el que cada uno tendrá que hacer lo suyo, sin importar si el consumidor deja de hacerlo o no.