Casos y causas

El derecho al mínimo vital

Hace poco recordé —meditando sobre la labor legislativa de los recintos parlamentarios— una frase que Winston Churchill utilizaba con frecuencia en sus intervenciones públicas: "El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones".

Hace algunos años la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, resolvió que el objeto del derecho al mínimo vital, abarca todas las medidas positivas o negativas imprescindibles, para evitar que la persona se vea inconstitucionalmente reducida en su valor intrínseco como ser humano, por no contar con las condiciones materiales que le permitan llevar una existencia digna.

Es un derecho, a través del cual se garantizan los requerimientos básicos indispensables para asegurar la subsistencia digna del individuo y su familia, no solo en lo relativo a alimentación y vestuario, sino también en lo referente a salud, educación, vivienda, seguridad social y medio ambiente.

No puede entenderse como una protección económica únicamente, sino como una tutela vinculada con la dignidad de la persona, la integridad física, la vida y la protección de la familia.

Consagrar en las constituciones el derecho al mínimo vital, tiene como finalidad coadyuvar a reducir esas enormes brechas, esas enormes diferencias, que durante tantos años han existido y que por desgracia día con día son más amplías; no podemos negar que cada día somos más desiguales en nuestro país, en nuestra ciudad. La Constitución Política de Ciudad de México lo estableció expresamente.

Las personas necesitan bienestar, lo anhelan. Aquellos que ocupan una silla en un recinto parlamentario —ya sea federal o estatal— tienen el deber de establecer un derecho, cuya finalidad sea cubrir las necesidades básicas humanas de las personas con menores ingresos. Porque los legisladores, con su labor, están reconstruyendo la vida de generaciones pasadas, construyendo la de las actuales y diseñando los cimientos de las venideras.

Porque el derecho al mínimo vital no es un capricho de algunos legisladores, juristas y académicos, ni es tampoco la moneda de cambio de una elección, o clientelismo político; este derecho se fundamenta en la dignidad humana, la solidaridad, la libertad, la igualdad material. Es aceptar que las personas con menores ingresos, tienen el derecho de gozar plenamente de su libertad, el derecho de gozar de un mínimo de seguridad económica y el derecho a la satisfacción de sus necesidades básicas.

Pero también debemos ser realistas, lo expreso con toda franqueza, que con el establecimiento constitucional del derecho al mínimo vital no se va a generar una metamorfosis o un cambio radical en la jornada diaria de una persona; sin embargo, sí vamos a fungir como autores materiales de una mejora significativa en su vida cotidiana, y, pasaremos de ser testigos, a ser los protagonistas de un cambio indispensable.

Un texto constitucional no es simple y llanamente un texto de carácter dogmático y orgánico, con derechos, deberes, obligaciones, atribuciones y competencias de órganos y poderes. En las constituciones se esculpe la vida diaria y la vida cotidiana de todas las personas.

Me parece importante destacar que el derecho al mínimo vital, no otorga a los ciudadanos el derecho a pedir al Estado ninguna prestación económica que automáticamente le deba ser otorgada; considero pertinente aclararlo, porque en ello reside el temor de un gran número de operadores estatales, que creen, equivocadamente, que el presupuesto se verá afectado por el establecimiento de este derecho.

Claro que no es así, simplemente le impone al Estado la obligación de promover la igualdad real y efectiva en la repartición de los recursos económicos, le impone la obligación de brindar igualdad de oportunidades para cubrir necesidades básicas insatisfechas, examinando en cada caso, la situación del solicitante, frente a la obligación del Estado de garantizarle las condiciones mínimas de existencia.

Hoy en nuestro país somos testigos de la injusticia, de la desigualdad, de la pobreza, del desempleo, del hambre, de las enfermedades; vidas que podrían salvarse, y se pierden por no tener las condiciones mínimas. El analfabetismo, la prostitución infantil, niñas y niños trabajando desde muy pequeños o pidiendo limosna para sobrevivir, barrios marginados donde las personas se encuentran en condiciones infrahumanas, culturas destruidas o en destrucción, subdesarrollo, deudas incobrables e impagables, un medio ambiente destrozado sin piedad, y tal vez, sin remedio. Violencia y corrupción generalizada. Ante ello me pregunto ¿En verdad cuesta tanto establecer este derecho? ¿En verdad somos tan distantes? ¿En verdad nos importamos tan poco? No lo creo.

Martin Luther King decía:
"Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad, y, ojalá, ya no tuviera necesidad de soñarlas".