Fuera de Registro

La (otra) tercera vía

La Tercera Corriente no postula la mera ejecución de jazz con instrumentos clásicos, la de fugas con un combo de jazz o la adición de una sección de cuerdas a éste, sino la concepción de origen de piezas que incorporan ambas lógicas, con partes anotadas y partes improvisadas.

Creo haberlo escrito ya antes pero nunca está de más volver a consignarlo. Invitado hace doce años a compartir la conducción de un programa televisivo con un Eugenio Toussaint que todavía no devenía mi amigo cercanísimo —yo entrevistaba, él tocaba el piano con un donaire, una solvencia y una versatilidad que le permitían el diálogo musical lo mismo con Alberto Cruzprieto que con Bronco, con Plastilina Mosh que con Omar Sosa—, no bien hube de recibir a noticia de su participación en el proyecto, corrí a contárselo a mi padre. Supongo que mi habitual talante reservado no logró comunicarle lo mucho que me entusiasmaba compartir los empeños con un músico de los vuelos de Eugenio, pues pronto interrumpió mi relato para espetar “¡Carajo, Nico! ¡Pero que no te das cuenta! ¡Es como si estuvieras contándome que vas a trabajar con Stravinsky!”.

En algún sentido era hasta más. En efecto, Eugenio fue un extraordinario compositor de música de concierto, autor de obras que se han integrado ya no sólo al repertorio de muchas orquestas importantes, de hecho, al canon. Fue, además, como Stravinsky, uno que enriqueció su dominio del lenguaje sinfónico con elementos provenientes del jazz, que conocía no como el estudioso entusiasta que fuera Stravinsky sino de primera mano, por haber surgido él mismo del jazz y por haberlo cultivado en paralelo a todo lo largo de su carrera. Esto habría de llevarlo a aventajar a Stravinsky —y a Milhaud, a Gershwin, a Ellington y a muchos de quienes compusieran música orquestal a partir del lenguaje jazzístico— en un terreno: en su posibilidad de abrevar no sólo de ambos vocabularios sino de ambas lógicas interpretativas a fin de crear piezas que combinaran una estructura compositiva rigurosa con la libertaria lógica de la improvisación. La muestra más notable de eso —he escrito ya antes sobre ella— habría de ser su Concierto para piano improvisado y orquesta, siempre idéntico a sí mismo y siempre diferente, en constante mutación orgánica —y así por siempre, como cuando lo interpreta ahora su entrañable amigo Héctor Infanzón—, compuesto pocos años antes de su muerte intempestiva.

Tuvo ese Concierto, desde luego, no pocos antecedentes. Entre los más descollantes se cuenta el Sketches of Spain de Miles Davis y Gil Evans en el que ambos músicos partirían del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, El amor brujo de Manuel de Falla y la Solea del propio Evans para improvisar una cosa nueva y deslumbrante y liberadora tanto para la música clásica como para el jazz, o los dos discos notabilísimos en que el saxofonista Stan Getz colaborara con el compositor y arreglista Eddie Sauter: el legendario Focus y el elusivo —tiempo ha que está tristemente descatalogado— soundtrack de la película Mickey One. (Ambos partirían de la misma premisa: Sauter compondría y orquestaría sendas suites de composiciones orquestales sin melodías primarias, mismas que Getz improvisaría ya al alimón con la orquesta mientras atacaba las partituras, ya en overdubs incorporados después a las pistas grabadas.)

Es posible agrupar estos experimentos bajo un genérico: la Tercera Corriente o Third Stream, término que no puede sino resultar redolente de uno surgido de la ciencia política, esa Tercera Vía (Third Way) postulada por los socialdemócratas herederos de Harold Macmillan como camino que se construye equidistante del capitalismo liberal y el socialismo marxista, enriqueciéndose con las aportaciones sinérgicas de ambos. Del mismo modo, la Tercera Corriente no postula la mera ejecución de jazz con instrumentos clásicos, la de fugas con un combo de jazz o la adición de una sección de cuerdas a éste, sino la concepción de origen de piezas que incorporan ambas lógicas, con partes anotadas y partes improvisadas, a un tiempo académicas y espontáneas. Habrá que agradecer su identificación, pero sobre todo su promoción, a un músico fallecido el pasado domingo: el estadunidense Gunther Schuller, trompista, compositor y director de orquesta formado en el American Ballet Theatre, la Sinfónica de Cincinnati y la Ópera del Met quien, sin embargo, no podía resistirse al palomazo nocturno con Miles, y logró dar síntesis a ambas vocaciones —o acaso tentaciones— no sólo en obras como su Sinfonía para metales y percusiones y discos como su Music for Brass sino al acuñar la noción de ese ThirdStream y pelear, desde el proyecto Jazz Masterworks que encabezara en el Smithsmonian, por el reconocimiento académico del jazz.

¿Es jazz esa Tercera Corriente? ¿Es música de concierto? Cuestionado sobre la identidad musical justo de su Sketches of Spain, Miles habría de ponerlo mejor que nadie: “Es música. Y me gusta”. Amén. O, mejor, tan-tan.