Fuera de Registro

Trabajos de amor perdidos

Hace ya 12 años que vivo en la frontera sur de la colonia Condesa, a una cuadra de la avenida Baja California. Creo conocer bien los parques de mi barrio: el México, el España y aquel cuyo nombre ignoro —pero que es el favorito de mi perro, y el mío, por ser menos proclive a los lodazales— que se alza en una porción de la cuadra que delimitan Alfonso Reyes, Cuernavaca, Puerto Real y Campeche, pese a ello, jamás había escuchado hablar del hoy tan comentado Parque Cholula… y eso que Cholula es una calle que queda a unos pocos pasos de la mía.

A efecto de escribir esta entrega de mi columna, me di a la tarea de conocer su emplazamiento y terminé por descubrir no sólo que lo ubico —oh, ironía: se alza a una cuadra de mi domicilio— sino que lo he cruzado varias veces, sólo que hasta ahora no me había apercibido (y sigo sin apercibirme) de que fuera un parque. Se trata de un terreno en forma de embudo —marcado por las avenidas Baja California y Benjamín Hill a sur y a norte, por la calle de Cholula que dizque le da su nombre al este y por unos poquísimos metros de Avenida Patriotismo al oeste— que mi perro y yo solemos recorrer de prisa y con cierta angustia —por lo general cuando nos dirigimos a un parque que sí lo es en toda forma y que sí nos gusta: el de la colonia Escandón—, no sólo porque aparece delimitado por tres ejes viales, lo que no lo hace muy conducente al esparcimiento, sino porque un muy alto porcentaje de su superficie está ocupado por una subestación eléctrica abandonada. Puedo concederle que constituye un pulmón pero también que es uno poco necesario —hay un parque a una cuadra, y uno espléndido, lo he dicho ya— y que los árboles que contiene son tan pocos que no veo razón para que no sean trasplantados a otra zona de la colonia.

Lo que pretende la Delegación Cuauhtémoc, a la que pertenece mi colonia, es que dicho predio albergue el Foro Shakespeare, teatro que ocupa hoy dos predios contiguos en la calle de Zamora, uno de los cuales quiere ser destinado por su propietario a un edificio de departamentos. El Shakespeare —lo digo como espectador pero también como productor teatral que ha trasladado a este foro un par de obras estrenadas originalmente en salas públicas— es acaso el mejor teatro privado de esta ciudad: el que ofrece una programación más osada y de mayor calidad, el que ha buscado hacerse autosustentable no a partir del montaje de éxitos de Broadway y comedias de bulevar con estrellas de telenovela sino de las puestas en escena más retadoras de los textos más estimulantes. Es, pues, un baluarte del teatro mexicano, y uno que apunta a la construcción de una verdadera escena de teatro independiente en México, como las que hay en Nueva York, Londres o Buenos Aires. Que, ante su predicamento inmobiliario, la autoridad busque apoyarlo y, en el camino, dé uso a un predio que carece de vida o de utilidad se antoja, a priori, buena idea. Quedan, sin embargo, no pocos problemas a resolver.

La primera es si, en efecto, ése un espacio adecuado para un teatro. En una ciudad en que las clases medias —que son las que van al teatro— hicieran mayor uso del transporte público, el emplazamiento sería ideal: a un par cuadras de dos estaciones de Ecobici y una de metro y justo frente a una del metrobús. Es cierto, sin embargo, que no es poca la gente que acostumbra ir al teatro en auto en nuestro país y que hay pocos estacionamientos cercanos. Destinar este predio a un teatro supondría prescindir del servicio de valet parking —nada recomendable en un terreno delimitado por tres vías rápidas— y cierto es que los estacionamientos en los alrededores son escasos: he ahí un tema a considerar. Más allá, está el asunto del uso de suelo: hoy la ley prohíbe específicamente la edificación de un teatro en ese terreno; de concluir que debería proceder habría que modificarlo, y para ello es buena idea la consulta vecinal que propone el delegado Ricardo Monreal. Queda el tema del conflicto de intereses: el actor Bruno Bichir, uno de los socios del Foro Shakespeare y su vocero, es diputado a la asamblea constituyente de la Ciudad de México, y lo es por Morena, el partido mismo de Monreal. Vale preguntarse si como funcionario público puede ser socio de un proyecto que se beneficiaría de manera nada desdeñable de un bien público. De ser afirmativa la respuesta, sería bueno transparentar el convenio entre la Delegación y el Foro, y deseable que éste pagara una contraprestación por su uso del espacio, bajo una forma que, siendo Bichir funcionario público y socio, no podría ser la del comodato.

Bien puede acabar lo que mal ha empezado si se observa la Ley y se renuncia a la tentación del linchamiento mediático. Es mi deseo como ciudadano, como vecino, como espectador.

fmsolana@yahoo.com.mx