Fuera de Registro

Discriminación de género

"Clueless" es víctima de un fenómeno que no podemos sino llamar discriminación de género, donde el género que pena por injusticia sociocultural no es el biológico sino el cinematográfico.

Comienzo el día con la acostumbrada revista de prensa, inexorablemente electrónica. Abro, pues, la tableta, pulso el Pulse —aplicación que apela a mi sentido del orden— y comienzo a bucear por esos y otros títulos de mi predilección. En la barra correspondiente a awardsdaily, un blog sobre festivales y premiaciones de cine, me topo con un artículo de Sasha Stone, cuyo trabajo crítico he disfrutado en ocasiones. No es de todo el caso, me temo, hoy. Bajo el encabezado “A Year with Women – 500 Thinkers, Critics Contribute to Greatest Films by Women” (“Un año con mujeres: 500 pensadores, críticos colaboran con las mejores películas hechas por mujeres”) me topo con una pataleta denegada. Resulta, nos cuenta Ms. Stone, que la BBC ha presentado una lista de las 100 mejores películas estadunidenses —concepto que, como he dicho en una entrega anterior, me irrita ya de sí por arbitrario e inasible—, que la ausencia de obras dirigidas por mujeres en dicha lista ha irritado a una tal Marya E. Gates —averiguaré después que se trata de otra crítica de cine, autodefinida feminista— y que esta buena señora ha lanzado en respuesta una encuesta que ha recibido más de 500 respuestas a propósito de las mejores películas dirigidas por mujeres. Esto complace a una Ms. Stone preocupada por las reivindicaciones de género y devota del cine pero ni tan lo uno ni tan lo otro, como muestra su comentario que es mi triste deber traducir:

La lista contiene algunas de las mejores películas jamás filmadas y probablemente constituiría un desafío de cuidado a la lista de la BBC si no fuera por un pequeño problema. Clueless es la película que ocupa el primer lugar. Una muy buena cinta, una cinta hilarante, una cinta querida —pero que de alguna manera demuestra que, a la hora de elegir películas dirigidas por mujeres, el enfoque no se centra necesariamente en obras maestras.

Preguntas más que pertinentes: 1) ¿Es de verdad posible pensar que la calidad de tal o cual película, o la lista de las mejores de uno u otro tipo, puede definirse por votación?; 2) Una vez que ha uno decidido abrazar tal criterio, ¿puede cuestionar —a partir de inferencias ideologizadas— los criterios que han conducido a un determinado resultado?; y, más importante, 3) ¿Qué es lo que excluye a la Clueless de Amy Heckerling de la categoría de obra maestra? Para aquellos interesados en el pedigree literario, la cinta lo tiene: es una trasposición al Beverly Hills de los años 90 de la Emma de Jane Austen. Quienes piensen —no es mi caso— que una gran película sólo puede hacerse al margen del star system pueden celebrarla con la conciencia tranquila: Alicia Silverstone, Paul Rudd y la finada a destiempo Britanny Murphy no devinieron estrellas sino a raíz de su participación en ella. Si de criterios algo menos prejuiciosos se trata, Clueless cumple con ellos: se trata de una película solventísima e ingeniosamente narrada, profundamente conmovedora —Alicia Silverstone enamorada es uno de los grandes espectáculos que ha ofrecido el cine—, preclaramente inteligente, desternillantemente divertida —sus diálogos se cuentan entre los más hilarantes de la historia del cine—, que pudo articularse síntoma del Zeitgeist y marcar a una generación y sin embargo conserva intacto su poder para mover a risa y a reflexión 20 años después. Lo que me lleva a pensar que, cuando menos a manos de Ms. Stone, Clueless es víctima de un fenómeno que no podemos sino llamar discriminación de género, donde el género que pena por injusticia sociocultural no es el biológico sino el cinematográfico. Acúseme si se quiere de especulación —un vicio que comparto con la autora de ese artículo— pero sospecho que lo que tanto molesta de Clueless es que se trate de una comedia y, sobre todo, de una que retrata las tribulaciones de adolescentes —y, para abonar a la paranoia feminista, de adolescentes mujeres—, lo que permite postularla comedia teen, etiqueta que no luce demasiado bien en la taxonomía de los snobs progre.

A mí, pues, no me perturba en lo más mínimo que Clueless —cuyo DVD regalé a mi brillante sobrina estudiante de diseño de modas, y dotada de la solvencia intelectual para haber publicado un texto de análisis político en Nexos antes de cumplir los 20, en ocasión de un cumpleaños reciente y por considerarla un referente indispensable a su formación— encabece listas de grandes películas con criterio feminista o cualquier otro. Mucho más preocupante me parece que en la lista no figure sino en los últimos lugares El portero de noche de Liliana Cavani, que no incluya una sola cinta de Lina Wertmüller o Margarethe von Trotta. Son las cosas que pasan cuando la corrección política pesa más que el criterio artístico.