Vuelta prohibida

El sexenio se terminó

Las elecciones intermedias de este 2015 representan el principio del fin de un sexenio que prácticamente está terminado. La administración de Enrique Peña Nieto arrancó su primer año con gran fuerza y muy poca dosis de esperanza de sacar a México de la confrontación y la parálisis a las que estaba anclado desde los errores de diciembre del gobierno de Ernesto Zedillo.

Las cosas se veían bien para el presidente que regresó al PRI a Los Pinos tras dos gobiernos del PAN marcados por el crecimiento cero en la economía y miles de muertes producto de una infructuosa guerra contra las bandas del narcotráfico; el Pacto por México logró convocar a todas las fuerzas políticas “y destacadamente el PRD” para sacar adelante una agenda de reformas estructurales como la financiera, la de telecomunicaciones y la energética, sobre todo. El Congreso hizo su trabajo pero se quedaron pendientes las reformas de seguridad y justicia, la anticorrupción y la del campo.

Y ahí fue en esos sectores que se pensaron podían ser abordados con menos premura donde le estalló en la cara a este gobierno la peor crisis política y social de los últimos años.

Tres factores han opacado el pujante arranque de la administración de Enrique Peña Nieto: la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, el caso de la casa blanca, que no es otra cosa que la adquisición de una residencia en las Lomas con valor millonario por la esposa del Presidente, Angélica Rivera, gracias a una hipoteca otorgada por la constructora Higa, que ha logrado grandes contratos con los gobiernos federal y del Estado de México, y la caída de los precios internacionales del petróleo.

En ese contexto, su administración ha sido tocada en los temas en los que pretendía cambiar la percepción de la opinión pública nacional e internacional, como la permanente violencia generada por las bandas del crimen organizado, la crisis económica y el bajo crecimiento, la sospecha de corrupción y el conflicto de intereses que pueden llegar a los más altos niveles del gobierno de la República.

Frente a este escenario, lo único que le queda al gobierno de Peña Nieto y al PRI es enfocar su esfuerzo en mantener la Presidencia en 2018. Por ello se prevé que se lanzarán con todo por ganar en las nueve gubernaturas en disputa y mantener el control de la Cámara de Diputados con su alianza electoral con el PVEM y la que mantiene de facto con Nueva Alianza.

Y así, durante lo que resta de este sexenio, mantener el control político y de gobierno en la mayoría del territorio nacional para llegar blindados dentro de tres años a los comicios presidenciales.

Esperando con ello que las crisis internas de PAN  y PRD continúen y que Andrés Manuel López Obrador y Morena no capitalicen el estado de efervescencia y malestar que comenzó a inundar a la sociedad el año pasado.

nestor.ojeda@milenio.com