Vuelta prohibida

El secuestro de la consulta popular

El mecanismo de consulta popular es, sin duda, una herramienta más de la democracia, una posibilidad para que la sociedad pueda intervenir directamente para emitir su opinión y, en su caso, corregir leyes y reglamentos que pudieran, en opinión mayoritaria de los ciudadanos, ser lesivos para la República.

Sin embargo, una vez más la partidocracia ha despojado a la sociedad y ha tomado para sí un mecanismo que debiera ser exclusivo de los ciudadanos. Los partidos han secuestrado a la consulta popular y la han convertido simplemente en una más de sus armas electorales.

Y es que los partidos políticos pretenden convertir la consulta popular en un ejercicio de legislación paralelo al Congreso, donde están representados, y al mismo tiempo en una estrategia para conseguir votos con la pretendida intención de encabezar sentidas demandas ciudadanas y sociales.

Por un lado, una debilitada izquierda representada por el Partido de la Revolución Democrática, hoy en manos de Los Chuchos de Nueva Izquierda, y por el Movimiento de Regeneración Nacional, de Andrés Manuel López Obrador, con el pretexto de la reforma energética y, por el otro, el Partido Acción Nacional, de Gustavo Madero, pretendiendo encabezar la lucha por el aumento al salario mínimo; y frente a ellos, para no quedarse atrás, el Partido Revolucionario Institucional propone reducir el número de legisladores plurinominales en el Senado y la Cámara de Diputados simplemente para no quedar fuera de la competencia.

Sin duda, ninguna de las tres demandas es desdeñable. En el tema energético, a pesar de la necesaria y urgente apertura del sector, hay zonas grises que deben ser resueltas como en el tema de la tenencia de la tierra susceptible de ser explotada; el salario mínimo en México es de hambre y los senadores plurinominales no tienen razón de ser porque el Senado es la representación de los estados que integran la Federación, aunque es un despropósito pretender reducir a los diputados plurinominales porque es precisamente el mecanismo con el cual se da equilibrio a la representación popular.

No hay que ser muy avezados para advertir que la partidocracia movilizó a sus clientelas corporativas para recabar las firmas necesarias para solicitar sus respectivas consultas. No fue la sociedad civil la que hizo suya esa nueva herramienta democrática. Al final, como siempre, los partidos hicieron de las suyas.

nestor.ojeda@milenio.com