Vuelta prohibida

Se perdió la revuelta del IPN

Cuando parecía que tanto los integrantes del movimiento estudiantil del Instituto Politécnico Nacional como el gobierno federal habían logrado dar un paso fundamental para abrir nuevos espacios y formas para el diálogo entre sociedad y gobierno, el rechazo de la asamblea de estudiantes a la respuesta de la Secretaría de Gobernación a su pliego peritorio dio al traste con una muestra que por un breve tiempo fue un ejemplo de la tolerancia y civilidad política que urgen a México.

Existen antecedentes del éxito y el fracaso de los movimientos estudiantiles en México. En 1968 la lucha por las libertades democráticas se enfrentó al autoritarismo de los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, si bien dio paso a la apertura política diseñada por Jesús Reyes Heroles, la represión provocó que parte de esa generación optara por la vía armada y aun ahora vemos en Guerrero y Oaxaca movimientos guerrilleros que entonces tuvieron su origen.

Fue hasta el movimiento del Consejo Estudiantil Universitario de la UNAM en 1986-87 cuando los estudiantes volvieron a tomar las calles, superaron el trauma de la matanza de la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre en Tlatelolco, y junto con la movilización social tras los temblores de 1985 fueron el preludio de la ruptura de PRI como partido único en el poder en 1988, con el nacimiento de la Corriente Democrática y la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia de la República.

Muy distinto fue el movimiento del Consejo General de Huelga en 1999, su radicalización y carácter violento terminaron provocando la entrada de la Policía Federal (ordenada por Ernesto Zedillo) a Ciudad Universitaria, en uno de los capítulos más ominosos de la historia de la UNAM.

Precisamente la generación del CGH junto con otros ex dirigentes estudiantiles, como Martí Batres, engrosó las filas del lopezobradorismo concentrado ahora en el Movimiento de Regeneración Nacional.

Y es precisamente Morena el partido que ha infiltrado la conducción de la revuelta en el IPN, como reveló la investigación de Alma Paola Wong en MILENIO, y cuyo ejemplo es Daniel Antonio Rosales, estudiante de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA), quien tomó la palabra en los diálogos con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Así las cosas, no debe extrañar que en lugar de terminar con el conflicto en el IPN se pretenda prolongarlo previo al proceso electoral de 2015, con lo que de plano el movimiento politécnico simplemente ya se pudrió.

nestor.ojeda@milenio.com