Vuelta prohibida

Los muertos del sexenio

En este sexenio, lo que más pesa son los muertos. Ayotzinapa, Tlatlaya, Apatzingán y Tanhuato van a ser la marca indeleble de un gobierno que arrancó con la expectativa de modernidad, desarrollo y futuro, pero que hoy se encuentra a la defensiva, intentado poner por delante su agenda de reformas ante el embate de las descalificaciones que salen de lo interno y que regresan con altavoz del exterior.

De los aplausos por la agenda reformista de Enrique Peña Nieto, la captura de un símbolo de la corrupción como Elba Esther Gordillo y la detención Joaquín El Chapo Guzmán, el referente máximo del crimen organizado, pasamos a la crisis petrolera, la censura mundial por el deterioro de los derechos humanos y la nueva y escandalosa fuga del capo.

Y de ahí la caída política fue la consecuencia natural, con el surgimiento de una electoralmente exitosa Morena con Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Monreal a la cabeza, y la irrupción de los candidatos ciudadanos con otro populista al frente, Jaime Rodríguez, El Bronco, arrebatándole al PRI la gubernatura de Nuevo León.

Así las cosas, los muertos, la seguridad y la economía serán los ejes sobre los que girarán las estrategias de los distintos grupos de poder que se disputarán la Presidencia de la República y el Congreso dentro de tres años.

Sin duda, esos tres temas serán utilizados por estrategas para definir los mensajes y las campañas para intentar hacerse del poder unos y para conservarlo, otros.

Y la cosa no pinta bien para México en este contexto: ninguna de las opciones que tienen ante sí los ciudadanos puede ofrecerles una salida real a sus conflictos y como vía para resolver los problemas económicos, sociales y políticos que vivimos los mexicanos desde hace décadas.

El cambio en México no pasa por los opositores de siempre ni por los políticos de siempre ni por los partidos de siempre ni por los grupos que militan en las redes sociales. La posibilidad de cambio solo será realidad si los ciudadanos asumen que tienen el poder para premiar o castigar o quitar y poner a los políticos que deben hacerse cargo del gobierno y la administración. La pregunta es ¿cuándo ocurrirá eso?


nestor.ojeda@milenio.com