Vuelta prohibida

Las lecciones de "El Chapo"

La captura del líder del cártel de Sinaloa, Joaquín El Chapo Guzmán Loera, es sin duda la gran cereza del pastel en materia de seguridad para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Después de esta aprehensión, el Presidente, su gabinete y acusadamente sus estrategas de seguridad se pavonearán y burlarán de la anterior administración panista que encabezó Felipe Calderón con todo y su guerra contra el narco.

Las capturas de Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, y de Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, no importan. El nuevo gobierno priista, en su lógica, demostró a México y al mundo tener la capacidad para detener al narcotraficante “más buscado del mundo”, a decir de la lista elaborada por las agencias de seguridad de Estados Unidos.

La definición de la política pública en materia de seguridad establecida por el equipo de Peña Nieto de más inteligencia y menos balazos, a la luz de los hechos de hoy, quedó plenamente comprobada. Los gobiernos panistas se desgastaron y desgarraron en una fallida embestida frontal contra el crimen organizado que en la percepción de la sociedad mexicana dejó más muertos que resultados.

Hoy por hoy Felipe Calderón y su superpolicía Genaro García Luna lo único que deben estar pensando es “cómo le habrán hecho estos priistas para hacer lo que nosotros no pudimos”. La captura de El Chapo, además de ser una gran estrellota en la frente del gobierno de Peña Nieto, es sin duda un tache inmenso en la cara de Calderón y García Luna.

Los miles de muertos de la guerra de Calderón son, bajo esta óptica, mucho más ominosos que antes, porque suenan a estas alturas innecesarios ante la premisa de más inteligencia y menos violencia enarbolada por el peñanietismo.

Sin embargo, al final, la detención de El Chapo no pasará de ser anécdota si el gobierno de Enrique Peña Nieto no es capaz de pacificar Tamaulipas, Michoacán y Guerrero; porque la escalada de violencia que vive México no comenzó con los panistas, debutó en nuestra vida pública con los asesinatos del cardenal de Guadalajara Juan Jesús Posadas Ocampo y del ex candidato presidencial del PRI Luis Donaldo Colosio entre 1993 y 1994.

Así que, más allá de las celebraciones y autoelogios, al gobierno de Peña Nieto le falta mucho, pero todavía mucho, para que los mexicanos estemos satisfechos de la seguridad pública del país, los estados, los municipios y las colonias.

nestor.ojeda@milenio.com