Vuelta prohibida

La falta de EPN y la santa Kate

Tras la espectacular recaptura de Joaquín El Chapo Guzmán, bien han criticado muchos analistas como Jesús SIlva-Herzog Márquez la forma en que el gobierno federal ha querido atribuir, en un gesto de presidencialismo dinosáurico, todo el mérito de golpe policiaco a Enrique Peña Nieto; yerro que se resume en la fallida y tuitera frase "misión cumplida", como si agarrar criminales fuera la principal obligación de un primer mandatario.

Este hecho es sintomático de la alarmante falta de institucionalidad y cultura de la legalidad que caracteriza a la clase política mexicana, pues la recaptura del líder del cártel de Sinaloa es un logro de la acción coordinada y las labores de inteligencia de la Policía Federal, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional y la Marina, no de un Presidente todopoderoso cuya voluntad es suficiente para alcanzar metas grandes o pequeñas, pero en Los Pinos, y en el gobierno federal hay una falta mayor que esa, y es que si bien Peña Nieto ya hizo los reconocimientos de rigor a las fuerzas federales, aún no ha expresado plenamente la gratitud que debe su administración a quienes hicieron posible que El Chapo fuera detenido cuando prácticamente se le había escapado a los marinos.

Aún están pendientes el agradecimiento y el reconocimiento cabal a los ciudadanos que confiaron en las instituciones y que, primero, según el comunicado de la Armada, denunciaron la presencia de hombres armados en el domicilio de Los Mochis en que se ocultaban El Chapo y Orso Iván Gástelum, su jefe de sicarios; y después el ciudadano sinaloense que tuvo el valor de denunciar que un hombre parecido al capo había robado el automóvil Focus rojo en el que fue interceptado por cuatro agentes de la Policía Federal, a quienes también se les debe reconocimiento por haber procedido a su detención y por rechazar las ofertas millonarias del narco para que lo dejaran huir.

Así de mal las cosas del lado del gobierno. Pero en la cancha de la sociedad tampoco el panorama es alentador, pues ahora resulta que con tal de torpedear a Peña Nieto y su gobierno grupos y opinadores autoerigidos como progresistas y políticamente correctos ensalzan a la actriz Kate del Castillo y la señalan como perseguida y acosada por el gobierno priista cuando es un ejemplo de la descomposición que vive México, al convertirse en vehículo para la promoción de El Chapo al intermediar para la pretendida entrevista del actor Sean Penn y Rolling Stone, así como también para exaltar la figura del criminal y al tiempo buscar ganancia colaborando en su película biográfica, sin tomar en cuenta que es el responsable de la muerte de miles en su guerra con otras bandas por el control de las rutas de la droga.

En fin, que la situación no pinta nada bien cuando desde el gobierno se olvida a los ciudadanos y desde la sociedad parte de la intelectualidad y la oposición ya no se distingue la diferencia entre enemigos del país y adversarios políticos.


nestor.ojeda@milenio.com