Vuelta prohibida

La experiencia en Telcel

Como gran cantidad de mexicanos, tengo una línea contratada con Telcel. Ante la debacle de BlackBerry acudí al centro de servicio de Reforma 222, en la Ciudad de México, a cambiar mi equipo personal. En local agradable, recién remodelado, fui canalizado de inmediato a un módulo. Buena atención de entrada. Hasta ahí todo bien.

Elegí un equipo Samsung Galaxy S-5 y para obtener un buen descuento en la compra alargué dos años el contrato. Sin embargo, las cosas comenzaron a complicarse cuando el trámite se alargó y alargó. Y de ahí la cosa fue cuesta abajo.

Resulta que Telcel ofrece cuatro números gratuitos en el contrato. Los anoté, pero como dos de ellos eran Iusacel y Movistar no podía registrarlos; me quejé, cité la resolución que obliga a América Móvil-Telcel a permitir que libremente el usuario elija sus números gratuitos, pero resulta que las empresas de Carlos Slim impugnaron en los tribunales esa determinación. Así que fui obligado a elegir como números gratuitos entre los de Telcel.

Luego llegó el problema de las firmas. Ya me había ocurrido antes. Los señores de Telcel son más estrictos que los bancos en eso de las firmas y algún sujeto que trabaja como supervisor se convierte en el dios de las firmas y actuando como perito en grafoscopía decide si la rúbrica de uno es auténtica. Por fortuna iba preparado y llevaba un contrato anterior, con lo que logré validarla. Al final, casi dos horas después salía del centro de servicio con mi nuevo equipo.

La pregunta natural es ¿por qué no cambio de compañía? Pues simplemente porque la mayoría de los equipos son Telcel y es un lío enlazar una llamada desde otra compañía y no queda de otra a pesar de la saturación de los servicios de internet.

Es entonces cuando cobra sentido la necesidad de que haya leyes en materia de telecomunicaciones que terminen con la preponderancia monopólica que impone a los usuarios servicios caros y malos. Urge buena atención.

nestor.ojeda@milenio.com